Actualidad

El Ayuntamiento de Leganés abandona a las personas sin hogar

El pasado mes de junio el Centro de Día de la Cruz Roja cerró sus puertas tras la finalizar el convenio con el Consistorio. Actualmente las personas se encuentran en la calle sin un albergue.

El pasado mes de junio el Centro de Día de la Cruz Roja cerró sus puertas tras la finalizar el convenio con el Consistorio. Actualmente las personas se encuentran en la calle sin un albergue.

Publicidad

«Si tuviéramos acceso al albergue estaríamos allí ahora mismo y no viviendo aquí en la calle como unos perros», cuenta a LA RAZÓN Juan, una persona sin hogar que actualmente vive desde el mes de abril a las puertas de la Parroquia de San Salvador de Leganés.

El Centro de Día de Cruz Roja del municipio, que también funcionaba como albergue en la campaña de frío, cerró sus puertas el pasado mes de junio. Esto se produjo a raíz de la finalización del convenio de cinco años firmado en 2014 con el Ayuntamiento. A día de hoy, el centro no cuenta con ninguna entidad que lo gestione y desde su cierre el Consistorio no ha propuesto otra alternativa para que estas personas tengan un techo dónde dormir. «No sabemos cuando se abrirá el nuevo centro, hay que hacer los trámites y cuanto antes se gestione, mejor. Mientras tanto, los asistentes y trabajadores sociales les están proporcionando a estos usuarios otras opciones», afirmaron fuentes de la alcaldía de Leganés a LA RAZÓN.

Sin embargo, estas personas se encuentran en la calle desde el mes de junio sin un Centro de Día en el que puedan recibir unos servicios mínimos como una ducha, el uso de lavadoras o simplemente un techo donde refugiarse. «Lo que es triste es que en una ciudad como Leganés, con 200.000 habitantes, no haya un albergue», se queja Vicente, un vecino de Leganés que vivió en la calle.

A pesar de que a finales de noviembre comienza la campaña del frío, en la que se atienden a las personas sin hogar, el Ayuntamiento todavía no ha proporcionado ningún lugar de refugio. En uno de los plenos celebrados el mes pasado, todas los vecinos del municipio que viven en la calle, fueron a manifestarse por esta situación, pero hasta el momento, Vicente asegura que el Consistorio ha hecho «caso omiso» a lo que están reivindicando, ya que ni la concejala de asuntos sociales ni el alcalde se han dirigido a ellos.

Publicidad

«Ahora tenemos el problema del frío y hay cinco mujeres que están en la calle sin asearse y sin tener nada. Los sindicalistas nos dijeron que si no teníamos dónde dormir, que como la iglesia ahora tenía dinero, que nos fuésemos allí. Pero gracias a la iglesia ya tenemos ropa, comida y el cariño, ese que no nos ofrece el alcalde», asegura Vicente.

Desde que les echaron del Centro de Día en el pasado mes de abril, María Eugenia y Juan se encuentran asentados con carros y colchones a las puertas de la Parroquia de San Salvador. María Eugenia era jugadora de primera división de Legamadrid, y actualmente está viviendo en la calle desde principios de año, ya que ninguno de sus familiares quiere hacerse cargo de ella. «Solamente queremos pedir que este invierno pongan el albergue para poder dormir y asearnos, porque yo llevo un mes sin ducharme», se lamenta María. Además, la ex jugadora sufre problemas de salud acarreados por la indigencia, causándole dolores de tripa así como somnolencia: «El otro día fui al hospital. Tengo todo por las nubes y el estómago hecho polvo. Ya no podemos vivir mucho más así», relataba.

Publicidad

El acompañante de María Eugenia, Juan, también critica la situación en la que están viviendo y asegura que la única ayuda que reciben a día de hoy es de la caridad de la gente, al igual que de la Iglesia, ya que la Cruz Roja les prohibió a ambos la entrada al centro. Del mismo modo, Juan denuncia la falta de empatía de algunos de los vecinos del municipio, ya que se quejan de su presencia en esta parroquia y les agreden con piedras. «En lugar de apoyarnos, dicen que es vergonzoso que estemos aquí. Pues que nos den un sitio humilde en el que podamos dormir. Si tuviéramos acceso a algún albergue, estaríamos en él ahora mismo y no viviendo aquí como unos perros», concluye Juan.