«Un día me van a matar»

El presunto asesino de Eva Blanco, Ahmed Chelh, fue hallado ayer en su celda de la cárcel de Alcalá Meco ahorcado con un cordón.. Su hermano Ibraim revela a LA RAZÓN que el preso temía por su vida. La jueza ha pedido explicaciones a Instituciones Penitenciarias, que le retiró el protocolo antisuicidios el pasado 16 de diciembre

El presunto asesino de Eva Blanco poco después de ser detenido
El presunto asesino de Eva Blanco poco después de ser detenido

El presunto asesino de Eva Blanco, Ahmed Chelh, fue hallado ayer en su celda de la cárcel de Alcalá Meco ahorcado con un cordón. Su hermano Ibraim revela a LA RAZÓN que el preso temía por su vida.

La manecilla horaria se acababa de tumbar sobre el nueve y la del minutero de espigarse en un ángulo perfecto de noventa grados cuando a Ibraim le sonó el teléfono móvil. Mientras seguía acariciando a su hijo recién nacido, un bebé que apenas lleva cinco días en este mundo, descolgó la llamada.

-Ibraim: «¿Sí?».

-Prisión: «Hola, soy trabajadora social de la cárcel de Alcalá Meco».

Ibraim: «Sí, dígame».

-P: «Le llamo para informarle de que su hermano está muerto».

-Ibraim: «¿Qué dice?».

-P: «Ha fallecido. Está muerto».

-Ibraim: «¿Pero, cómo ha ocurrido?”.

-P: «No lo sé, no le puedo dar más datos».

La comunicación se cortó e Ibraim quedó paralizado. El diario LA RAZÓN lo ha localizado y ha logrado hablar con él en exclusiva. «Hasta dos horas después no se volvieron a poner en contacto conmigo para explicarme que se había colgado con los cordones de las zapatillas», explica el hermano de Chelh Gerj, el principal y único sospechoso de haber asesinado a Eva Blanco el 20 de abril de 1997.

«No entiendo nada», continúa Ibraim, «el domingo por la tarde mi hermano se comunicó con su mujer en Francia. Le dijo que estaba bien y le pidió que le enviase algo de ropa. Estaba contento. El lunes me llamó a mí. Me felicitó por el nacimiento del bebé. Me pidió que le diera un beso a mi mujer y al crío. Luego me explicó que quería comprarse una televisión pero que no tenía dinero. Valía 168 euros. Le prometí que le ingresaría el dinero en cuanto cobrase la nómina el primer día de febrero y me dio las gracias. Estaba tranquilo e ilusionado. A mí no me cuadra lo que ha ocurrido. ¿Para qué iba a pedir ropa y dinero para una televisión si pensaba suicidarse?», se pregunta Ibraim indignado. Su tono se va elevando y enfadado explica lo que lleva todo el día rumiando: «Yo creo que alguien lo ha matado. No me cabe otra explicación. A su mujer y a mí, en este tiempo que ha estado encerrado nos ha dicho más de una vez: “Van a matarme”; “Se portan mal conmigo aquí dentro”; “Algún día van a coger un cuchillo y me lo van a clavar por la espalda. Ya verás”; “Nadie me quiere aquí”; “Tengo miedo. Quiero irme a una cárcel en Francia”. Y ahora van y me dicen que se ha colgado él solo. ¿Y la nota de suicidio dónde esta? A mí nadie me va a quitar de la cabeza que alguien se lo quitado de encima”, se pregunta el hermano. “Si de verdad se hubiese ahorcado él solo, sin ayuda, estoy seguro de que habría dejado una carta para su familia, para sus hijos. Yo conozco a mi hermano y lo habría hecho», clama Ibraim.

El hermano de Chelh habla alterado y atropella unas palabras con otras. Le cuesta terminar las frases. Cuenta que tras recibir la primera llamada de prisión, a las nueve en punto de la mañana, tuvo que comunicárselo a su cuñada que vive en Francia. «Eso es imposible, Chelh no se suicidaría jamás. Era inocente e iba a demostrarlo. Tienes que estar bromeando, ¿no?», le respondió ella incrédula. Cuando la terrible verdad caló en su mente, la mujer rompió a llorar desconsolada. Tanto, que Ibraim colgó sin lograr sacarle una palabra más.

«Lo siguiente que hice fue llamar al abogado de mi hermano, a Antonio Alberca. El letrado recibió la noticia perplejo: “Salí disparado hacia la prisión y en el camino me confirmó muy diligentemente la Jueza de Instrucción la noticia». La magistrada Marta Gala García explicó en un auto que «la comunicación se recibió vía fax a las 10.30 de la mañana desde la Dirección General de Instituciones Penitenciarias». Minutos antes Espejo Público adelantaba la noticia. A partir de ese momento se iban destapando datos que ponían en tela de juicio la labor de la dirección de Alcalá Meco.

Tras su detención, la magistrada Gala García valoro los indicios, escuchó al detenido y decidió mandarlo a la cárcel. En el auto al que ha tenido acceso LA RAZÓN se decretaba la prisión comunicada y sin fianza justo en el siguiente párrafo, su Señoría ordenaba: «Líbrese el oportuno mandamiento al Director del Centro Penitenciario, comunicándole la necesidad de incluir al interno en el protocolo correspondiente de prevención de suicidios, vistos los antecedentes del mismo durante su estancia en la prisión francesa». Se refería a un incidente que ocurrido en la cárcel gala donde quedó custodiado a la espera de su extradición. Allí trató de cortarse el cuello con un objeto afilado, pero los funcionarios consiguieron reducirle y evitar el suicidio. Con semejantes antecedentes, la exigencia de la jueza parecía más que lógica. En un principio así fue. Sin embargo, el pasado 19 de diciembre los responsables de Alcalá Meco decidieron excluirle del protocolo en el que se le vigilaba de forma estrecha. La decisión no fue trasladada a la magistrada encargada del caso. Fuentes jurídicas apuntan a que el cabreo de su Señoría ante el tremendo error era supino, tan serio que la noticia de su enfado llegó a prisión. «Si tanto sabe la jueza que venga a pasar consulta ella», se escuchó decir en Alcalá Meco.

«Vamos a denunciar a Instituciones Penitenciarias. Caiga quien caiga», anuncia Ibraim. «Mi hermano estaba bajo su custodia. Era su responsabilidad. No entiendo cómo le dejaron tener cordones en la celda. Además, se ha muerto sin que pudiera si quiera ir a verlo. La dirección de Alcalá Meco me prohibió el paso, a mí, a su hermano. Dicen que tenía que llevar el libro de familia original para entrar a comunicar con él. Tengo fotocopia, DNI, y otros papeles que acreditan que somos hermanos y no me permitieron el acceso. Esto no va a quedar así», anuncia enfadado, «porque a mí nadie me quita de la cabeza que lo han matado».

Punto y final a una investigación que comenzó con el asesinato de Eva Blanco en Algete en 1997, que se resolvió dieciocho años después tras intensas investigaciones del grupo de homicidios de Madrid de Guardia Civil, y que ha acabado con la muerte del principal sospechoso: Chelh Gerj. «El hecho objetivo es que no ha sido juzgado ni ha sido condenado y, por tanto, nadie puede llamarlo asesino. En realidad, debido a esa falta de cuidado de quien tenía la responsabilidad de vigilarlo, el caso se ha quedado sin resolver», afirma su abogado.