Eutanasia, ¿controlada?

La Razón
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Periódicamente, quienes tienen un miedo cerval al sufrimiento vuelven a proponer la aprobación legal de la eutanasia: que el médico pueda provocar deliberadamente su muerte si así lo desean. Se suele argumentar que el paciente terminal con dolores insufribles cuyo único remedio es la muerte debe tenerla a su alcance. Ese caso sencillamente no existe y la medicina paliativa sabe cómo evitarlo. Pero la aprobación abre una caja de Pandora, que supone una llamada a la prudencia. Concretamente: la eutanasia reemplaza a la medicina: si el médico puede matar a su paciente, matarle no es un modo de atenderle, es acabar con él. Como es más sencilla que tratarle, la eutanasia tiende a expandirse hasta sustituir una atención médica adecuada. Está comprobado que el número de eutanasias crece cuando se aprueba legalmente.

La tesis de que un control legal o administrativo puede mantener a raya su práctica contra la voluntad del paciente es utópica. ¿Qué papel o qué inspector puede impedir que el paciente reciba una sustancia letal en su gotero intravenoso? ¿Habrá un inspector de Sanidad en cada habitación de hospital analizando todo lo que entra? Abdicar del derecho a vivir deja la vida a merced de otros. La expansión de la eutanasia, que va con su dinámica interna, es imposible de detener de modo extrínseco una vez abierta la puerta.

*Unidad de Educación Médica y Bioética de la Universidad de Navarra