La otra metralla de Perioncely

Los inquilinos que habitan el inmueble fotografiado por Capa sueñan con el realojo mientras continúa la pelea por que la Comunidad lo declare BIP.

El historiador Ian Gibson, ayer, ante la famosa fachada que fotografió Robert Capa, con un libro del fotógrafo
El historiador Ian Gibson, ayer, ante la famosa fachada que fotografió Robert Capa, con un libro del fotógrafo

Los inquilinos que habitan el inmueble fotografiado por Capa sueñan con el realojo mientras continúa la pelea porque la Comunidad lo declare BIP.

Aunque ya hace más de tres meses que la Dirección General de Patrimonio, dirigida por Paloma Sobrini, se pronunció sobre la fachada del número 10 de la calle Peironcely –situada en el distrito de Puente de Vallecas–, los defensores de este edificio no tiran la toalla. Ayer fue el historiador Ian Gibson quien pidió a la presidenta regional, Cristina Cifuentes, que «por favor» declare «de forma urgente» Bien de Interés Patrimonial (BIP) esta famosa casa fotografiada por Robert Capa en 1936 y que fue una denuncia de la Guerra Civil que estaba teniendo lugar en España. Con el paso de los años, la imagen se convirtió en un símbolo y, a pesar de que su fachada ha sido remodelada y nada queda ya de los míticos agujeros en la pared causados por la metralla, que daban cuenta del horror que se vivió, Gibson y una plataforma que aglutina a una veintena de asociaciones –la más destacada es Anastasio de Gracia– reclaman que se «enmiende» cuanto antes el «error» que, a su juicio, cometió Patrimonio al negarle esta protección. El organismo autonómico argumenta que Peironcely 10 es una «infravivienda» que además «incumple todos parámetros de habitabilidad» y por ello afirma que no cuenta con valor que merecen las distinciones BIP.

Desde el Ayuntamiento, al parecer, sí se pone en valor la historia de este inmueble del barrio de Entrevías y planean incluirlo en su catálogo de espacios y bienes protegidos. El Ejecutivo de Manuela Carmena anunció esta semana que el mítico inmueble será expropiado para tratar de protegerlo. Aún así, la declaración de BIP, lo que realmente le otorga protección especial, está en manos de Patrimonio y, por eso, Gibson se ha dirigido por carta a Cristina Cifuentes, última responsable de este organismo dependiente de la Comunidad de Madrid.

Mientras llega o no ese día, las trece familias que residen en este inmueble siguen viviendo en condiciones infrahumanas. Pagan alrededor de 300 euros por unas casas de apenas 20 metros cuadrados, con humedades, sin ventanas y con presencia de ratas y todo tipo de insectos. La insalubridad es alarmante teniendo en cuenta, además, que viven niños pequeños. También hay más de una orden de desahucio sobre alguna de estas viviendas. «Hoy la metralla que nos doblega no es la de las bombas, pero su impacto cala más profundamente: es la metralla del paro», se quejaba ayer una de las inquilinas.En su respuesta, el delegado de Desarrollo Urbano Sostenible (DUS) del consistorio, José Manuel Calvo, aseguró que estas familias serán realojadas tras la la expropiación municipal.

Peironcely se ha convertido así la unión de dos problemas: el social, que afecta a las familias que allí vivien; y el cultural, que enfrenta a Patrimonio con los que pretenden salvar la memoria de esa mítica foto y que se han reunido tras la plataforma #SalvaPeironcely10, impulsada –según explican ellos mismos– por entidades «culturales y pacifistas» de España, Estados Unidos, Francia y Alemania. Su objetivo es «proteger el lugar que Robert Capa convirtió en un icono universal del horror de la guerra», «preservar la identidad de este edificio y traer a la memoria la vulnerabilidad con la que la población civil sufrió el ataque indiscriminado y devastador, que la aviación alemana perpetró en Vallecas a los pocos de meses del comienzo de la Guerra Civil, y que Robert Capa pudo captar en Peironcely.