Roberto, el líder en Madrid del brazo armado del PKK

El fundador de Reconstrucción Comunista fue detenido junto a ocho «camaradas» por colaboración con organización terrorista. Gestionaba el partido como una secta: les obligaba a dar clases de «Krav Maga» y a llevar armas blancas. Quería implantar técnicas de guerrilla

El fundador de Reconstrucción Comunista fue detenido junto a ocho «camaradas» por colaboración con organización terrorista. Gestionaba el partido como una secta: les obligaba a dar clases de «Krav Maga» y a llevar armas blancas. Quería implantar técnicas de guerrilla

Grupos de música «oi!», armas blancas y explosivos de fabricación casera, militancia en partidos políticos de ultraizquierda, en la Brigada Antifascista o en cualquier movimiento de corte radical y pasión férrea por llevar «la lucha de la clase obrera» hasta donde haga falta. Podrían ser los preceptos básicos de cualquier «antisistema» madrileño al uso. ¿La diferencia? Que estos querían ocupar el espacio que habían dejado los Grapo y habían llegado a viajar a casi 5.000 kilómetros para aprender a utilizar AK-47, kalashnikov y técnicas de guerrilla para aplicarlas luego en nuestro país «cuando hicieran falta». Era la idea, al menos, de Roberto Vaquero, fundador de un partido político bajo las siglas Partido Marxista Leninista (Reconstrucción Comunista) o RC el año pasado, según los agentes que llevan investigándole desde 2014. Él y otros ocho miembros del partido fueron detenidos el pasado miércoles por los agentes de la Brigada Central y Provincial de Información de la Policía Nacional en el marco de la «operación Valle», instruida por el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco. Les acusan de pertenencia a organización criminal y colaboración con organización terrorista. Para tres de ellos el magistrado dictó prisión provisional: dos eludibles bajo fianza y una incondicional. Esta última es la de Roberto, el «amado líder» de RC, un partido repudiado hasta por los propios «antifascistas» madrileños por su exceso de disciplina y estructura tipo secta. El juez considera ahora desmantelada en nuestro país la red del PKK, siglas con las que se conoce al Partido de los Trabajadores del Kurdistán, que reivindica con la lucha armada la independencia del pueblo kurdo: unas 40 millones de personas repartidas entre Siria, Turquía, Irak e Irán). El PKK está consideradopor la UE y EE UU como organización terrorista.

De los nueve detenidos de esta semana, tres eran de Valencia, uno de Bilbao y cinco madrileños. Aquí estaba la sede de la organización y su presidente.

Férrea disciplina de partido

Los secuaces de Roberto Vaquero, fundador de este partido de corte estalinista, debían impartir de forma obligatoria algunas clases de «Krav Maga», un arte marcial de origen israelí (a pesar de considerarse antisemitas) que enseñaba él mismo en el tatami que extendían en la sede del partido, situada en el número 50 de la calle Diego Manchado, en el distrito de Puente de Vallecas.

El local, inspeccionado por los agentes el pasado miércoles, era una mina: además de una ingente cantidad de información que deberá ser analizada por los investigadores, había productos químicos para la fabricación de artefactos explosivos como nitrato potásico –que están siendo analizados por los Tedax– y todo un arsenal de armas blancas: cuchillos de diferentes dimensiones, katanas, machetes... Y es que, según fuentes policiales, otra de las normas que Roberto había ordenado a los miembros del partido era llevar siempre encima un arma blanca, bien un machete o una defensa extensible.

El problema del líder –un tipo de enorme éxito entre las mujeres del mundo antifascista madrileño– fue su exceso de ego. Criado en Pozuelo de Alarcón, el joven, que aún no ha cumplido los 30, ya se había mudado a Leganés y llegó a expulsar a su hermano del partido (que fue co-fundador), ya que era el único que se atrevía a rebatirle alguna propuesta. Pero al ser un partido estalinista, lo que dijera Roberto era casi asumido por decreto.

Rubén Vaquero llevaba las «juventudes» del partido, la llamada Joven Guardia Bolchevique. Este individuo, primero batería y luego segunda voz del grupo de música Núcleo Terco (conocidos en el mundo de música «oi!», «hardcore» y que daban conciertos en muchas okupas), también fue citado a declarar en sede judicial como investigado. Él aún vive en Pozuelo pero mantiene el odio hacia su hermano, que le echó del partido para meter en su puesto a Adrián, uno de los detenidos el pasado miércoles (en la foto superior con gafas de sol) y que estuvo presente durante el registro policial al local del partido. También hacía de ideólogo, ya que tenía bastantes conocimientos de la historia del comunismo y solía leer los comunicados, muchas veces con el rostro tapado, que la organización difundía a través de las redes sociales.

También «Alfon»

Otro de los que en su día pertenecieron a Reconstrucción Comunista es el famoso Alfonso Ortega, «Alfon». Comenzó a militar tras su famosa detención con material explosivo en la última huelga general de 2012 –que le llevaría más tarde a la cárcel– pero abandonó el partido, según fuentes cercanas a estos círculos, por problemas de liderazgo. Y es que de Roberto dicen que no sólo gestionaba el partido sino que controlaba al milímetro lo que hacía cada uno de sus miembros y cada parcela de su vida privada. «Era un sistema sectáreo completamente», dice uno de los investigadores. «Además, tenía clarísimo que iban a ocupar el espacio del Grapo y cualquier conflicto con su entorno lo alentaba».

Pero su obsesión del momento era la «solidaridad con el pueblo de Rojeva». De hecho, es uno de los conflictos que más activistas mueve el movimiento antisistema patrio más radical (la lucha armada es un matiz que suele gustar mucho entre los «antifascistas») y las web como «Anarquistas en solidaridad con Rojeva» han proliferado en los últimos dos años en nuestro país. Desde RC sostenían que la mejor forma de colaborar con la causa era desplazarse al lugar de conflicto y luchar contra el Estado Islámico «como nos vinieron a ayudar las Brigadas Internacionales en el 36». Casi desde sus orígenes, en RC desarrollaron una política exterior centrada en colaborar con grupos extranjeros del mismo corte. Así, a finales de 2014 contactaron con grupos alemanes de su misma ideología y surgió la posibilidad de enviar miembros del partido en calidad de combatientes a Rojava. Con estas prácticas en zona de conflicto, además de ayudar al pueblo kurdo empuñando un arma, aprenderían técnicas de combate durante nada menos que seis meses, que podrían aplicar aquí después de enseñarlas al resto de «camaradas». A sus familias les comunicaron que se iban de ayuda humanitaria a Turquía, pero a través de contactos con distintas organizaciones y burlar la frontera de varios países lograron entrar en Siria y enrolarse con las YPG.

A su regreso, lejos de ser recibidos como héroes, fueron arrestados por la Policía Nacional. Los investigadores destacan que provienen de familias aparentemente sólidas y muchos acomodados económicamente. Nada de familias desestructuradas ni individuos desarraigados. Y aunque la Policía les arrestara tras luchar en el extranjero, cual soldados, se habían granjeado una gran reputación en su entorno. No sólo entre los antisistema de aquí, cuya emoción más fuerte había sido un «Rodea el Congreso» o barricadas en protestas estudiantiles de Ciudad Universitaria, sino también entre las chicas, que hacían cola para enrollarse con ellos, según fuentes del entorno.

De los nueve arrestados en esta operación tres entraron en prisión: Roberto, el único detenido de origen kurdo (que haría de enlace con el PKK) y Carlos del Val, «secretario general» del partido en la teoría. También residente en Leganés, en la práctica hacía de «lugarteniente» de Roberto y jefe del Comité de Seguridad del partido. Para los investigadores, en realidad, Carlos (alias «Gasolino») era el «machaca» de Roberto con sus casi dos metros de altura y cerca de 100 kilos de peso.

Combatiendo en Siria con los kurdos

Dos miembros de Reconstrucción Comunista (en la imagen superior) fueron el año pasado a Rojeva a aprender técnicas de combate de guerrillas y a luchar del lado de la causa kurda contra el Estado Islámico. A su regreso –estuvieron seis meses– fueron detenidos y acusados de colaboración con banda terrorista.