Todos los tentáculos del movimiento okupa

Esta semana la Policía ha tenido que blindar Tetuán para evitar una guerra entre okupas de ultra derecha y de ultraizquierda. En Villalba la batalla se libra contra los inquilinos ilegales de la calle Madrid que además asaltan supermercados

La Razón
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Los conflictos de esta semana entre distintos tipos de okupas en la región revelan cómo el fenómeno de irrumpir y apropiarse de inmuebles ajenos se ha empezado a diversificar. Nada tienen que ver los conflictos que generan los llamados «centros sociales» como el «Patio Maravillas», «La Casika» o la recientemente desalojada «La Traba», que se nutren de movimientos como el 15-M; con el problema que ha generado en Tetuán la apropiación de pisos por antifascistas y ultraderechistas; o, aún más lejos, con los asaltos constantes a un supermercado de los habitantes forzosos de un edificio en Collado Villalba. Son diferentes perfiles de un mismo fenómeno ante el cual la Policía depende de la acción judicial.

Los primeros proceden de los movimientos okupas «clásicos» que, en muchas ocasiones, irrumpían en edificios aunque fuese por unas horas –como en el caso del que fuese cine Bogart–, para reivindicar tanto su ideario como denunciar el abandono de los edificios. Crean lo que denominan «centros sociales», con los que se «ganan» a los vecinos a los que ofrecen desde cursos de yoga a manuales del buen okupa. Se apropian de estos inmuebles durante mucho tiempo y son los desalojos el problema más complicado para la Policía. De hecho, hace apenas unas semanas, varias Unidades de Intervención Policial (UIP), tuvieron que acompañar a la comisión judicial para desalojar «La Traba», ocupado desde hacía siete años.

Desalojos por sorpresa

Finalmente, el desalojo tuvo que ser sorpresivo después de que, un mes antes, más de 200 activistas se enfrentaran a los agentes tras recibir con gran previsión la orden de desahucio. Otro de los casos más notorios fue el del Hotel Madrid, asaltado tras el primer aniversario del 15-M y que llevó más de un mes desalojar. Este tipo de okupas tienen un control absoluto de los inmuebles vacíos de la región y actúan bajo la premisa «un desalojo, una okupación».

Con la excusa de expropiar a los bancos propietarios de inmuebles, muchos otros han usado la palabra okupa para lo que siempre se ha llamado una usurpación de propiedad, como la que ocurre en el inmueble de Villalba –propiedad de Bankia– del que salen los atracadores del supermercado o las VPO de Parla, tomadas por familias de ascendencia gitana. En estos casos el objetivo es quedarse a vivir en la vivienda el mayor tiempo posible, independientemente de su propietario y cuando finalmente se marchan se llevan desde los sanitarios hasta el cobre de los cables. En estas okupaciones hay auténticas familias, como sucede también en Parla, que hacen de la okupación de viviendas su modo de vida y que suelen generar graves problemas de convivencia. Éste es también el perfil de los okupas del edificio Madrid de Villalba cuyos vecinos se quejan de falta de higiene, de los peligrosos empalmes a la luz o de las montañas de basura acumulada puesto que, en este caso directamente, tiran sus residuos por la ventana. Esta localidad de la sierra madrileña además tiene que sufrir el «efecto Sánchez Gordillo», puesto que los okupas han tomado el ejemplo del sindicalista andaluz y asaltan un supermercado cercano a menudo cuando se les vacía la despensa. Además de la ilegalidad de la ocupación, el gran problema que éstos generan es de convivencia vecinal.

Del mismo modo aunque por cuestiones diferentes, los vecinos de Tetuán se han encontrado estos días con conflictos de convivencia pero, esta vez, debido a las distintas ideologías políticas de dos casas ocupadas. Los habitantes de «La Enredadera», procedentes de movimientos de izquierda, se han enfrentado al recién llegado «Hogar Social Ramiro Ledesma», de integrantes de ultraderecha, que sólo aportan su ayuda a españoles. Esta discriminación ha desencadenado una guerra en Tetuán entre las dos casas ocupadas. Esta semana la Policía se ha visto obligada a aumentar la vigilancia y a remitir un informe al juez para el pronto desalojo de ambas para evitar males mayores.

Al respecto, los de «La Enredadera» emitieron ayer un comunicado en el que hicieron una defensa de sus actividades durante los años de ocupación, alegando los «beneficios» que han aportado al barrio y frente a la actitud del Ramiro Ledesma, que limitan su ayuda social a los españoles.

Por su parte, la Asociación de Vecinos Cuatro Caminos-Tetuán se reunirán el próximo martes con la subdelegada del Gobierno en Madrid, María del Mar Angulo, para denunciar el «discurso racista y xenófobo» de los integrantes de corte neonazi de la casa okupa Ramiro Ledesma, y han convocado una concentración mañana para exigir su desalojo, pese a que la Policía ya lo ha solicitado al juzgado. Todo esto se produce en una semana en la que dos vecinos del barrio (integrado en un 17% por extrabjeros) aseguraron haber sufridosendas agresiones por parte de los okupas de la casa de ultraderecha y que finalmente se ha sabido que ninguno de los dos ha interpuesto una denuncia y en el caso de uno de ellos, que aseguraba haber sido apuñalado por un gupo de chicos con la estética del Ramiro Ledesma, se retractó de su declaración inicial y finalmente aseguró a la Policía que la herido que tenía en el abdomen se debía a una caída mientras estaba ebrio.