Un proyecto de

Lengua de signos para educar en la diversidad desde la infancia

La diversidad es un valor indiscutible para Clece y Yazmina Cabrera da buena cuenta de ello. Desde hace dos años trabaja como maestra en Koala Escuelas Infantiles, filial especializada en servicios educativos. Actualmente no es solo un ejemplo de superación, sino un espejo en el que muchos niños pueden mirarse y aprender.

FOTO: Clece La Razón

Y es que Cabrera tiene una discapacidad auditiva, sensorial y orgánica, pero eso no supone un impedimento para realizar su trabajo como educadora infantil. Al revés: su situación es una oportunidad para que los niños y niñas de 2 a 3 años crezcan entendiendo la diversidad como algo que suma. No solo se trata de transmitir valores como la igualdad de oportunidades o el derecho a ser diferentes, sino que educar en la diversidad también facilita el aprendizaje de otras materias y, en general, mejora el rendimiento del alumnado.

La diversidad, un plus educativo

Yazmina Cabrera desempeña su labor como auxiliar de educación en la Escuela Infantil Municipal San Matías del Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife), un centro gestionado por Koala Escuelas Infantiles pionero en la adaptación de contenidos a lenguaje de signos gracias a ella.

Tras abandonar sus estudios en Pedagogía, Cabrera descubrió su verdadera vocación en la Educación Infantil. Disfruta observando la evolución de sus pequeños alumnos en los diferentes tipos de aprendizaje y se muestra orgullosa de formar parte de ese proceso. “Nuestro objetivo mediante la adquisición de la lengua de signos es desarrollar el nivel de empatía de los niños, como un factor realmente enriquecedor”, apunta. No se trata de una impresión personal: ya existen estudios científicos al respecto que demuestran que los estudiantes, tengan la edad que tengan, trabajan mejor en un entorno diverso y que ese aprendizaje mejora su creatividad, su capacidad de adaptación y sus aptitudes para la resolución de problemas.

Yazmina Cabrera enseña lenguaje de signos a niños y niñas de 2 a 3 años.
Yazmina Cabrera enseña lenguaje de signos a niños y niñas de 2 a 3 años. FOTO: Clece La Razón

Aprendiendo lengua de signos

Cada día, Yazmina dedica un tiempo a practicar el lenguaje de signos con los niños y niñas de la escuela. Estos, aunque con cierto asombro, responden muy bien a sus enseñanzas. “Saben que ella no escucha, por lo que se comunican con gestos, leyendo los labios, mediante el tacto… Lo hacen de forma totalmente natural, por imitación - señala Sandra León Armas, directora pedagógica del centro . Ya conocen algunos contenidos en español y en inglés. Ahora lo hacen también en lengua de signos”.

Entre los últimos aprendizajes, las educadoras destacan el lenguaje de las emociones a través del cuento ilustrado “El monstruo de los colores”, un habitual de las escuelas infantiles que, en este caso, sirve también para introducir a los más pequeños la lengua de signos.

Bueno para todos

En este proyecto, todos salen ganando. Los niños aprenden un lenguaje nuevo y útil, además de normalizar y valorar positivamente la situación de Yazmina. Ofrecer a los niños la posibilidad de aprender distintas lenguas en sus primeros años de vida no solo es la mejor manera de adquirirlas como propias, sino de abrirse al entendimiento y la diversidad.

Ella, por su parte, se siente realizada profesionalmente, autónoma y orgullosa de ser su primera toma de contacto de los niños con la diversidad. Admite que su discapacidad auditiva ha afectado a la comunicación con otras personas, especialmente por la barrera que supone dirigirse a ellas si no se conoce el lenguaje de signos, por ejemplo. En este sentido, las mascarillas no han ayudado mucho. Al perder buena parte de la expresión facial, se pierde también la capacidad de transmitir de esa manera. Sus compañeras, para facilitar a Yazmina la lectura de sus labios y evitar que se pierda toda esa comunicación no verbal, han decidido llevar cubrebocas transparentes cuando están con ella.

Fomentar el aprendizaje de una lengua de signos a una edad tan temprana le hace sentir esperanzada con respecto al futuro. “Me gustaría que se apostara más por el aprendizaje bimodal, es decir, combinando el habla y los gestos”, señala.

La tercera parte implicada, es decir, los padres de los niños del centro, se muestran encantados ante esta iniciativa. De hecho, los más pequeños se encargan de enseñarles a ellos lo que aprenden en el aula con Cabrera. La intención es que este aprendizaje sea expansivo, que los niños practiquen en su entorno y difundan esta educación en la diversidad. “Ojalá nuestra iniciativa sea ejemplar para otros centros que puedan incorporarlo como actividad en su día a día”, concluye la educadora de Koala Escuelas Infantiles.

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