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Las actividades con perros o la “huertoterapia” ofrecen múltiples beneficios en la salud de los mayores

Socializar, entretenerse y mantenerse activos es importantísimo en todas las etapas de la vida, también en la tercera edad. Por este motivo, varios centros para mayores gestionados por Clece ofrecen terapias alternativas con animales o huertos con enormes efectos beneficiosos

El propósito de estas actividades es el de fomentar el funcionamiento físico, social, emocional y/o cognitivo de los residentes.
El propósito de estas actividades es el de fomentar el funcionamiento físico, social, emocional y/o cognitivo de los residentes. FOTO: Clece La Razón

Llevar una vida activa tiene efectos muy positivos en la salud, tanto física como mental, a cualquier edad y especialmente en las más avanzadas: aumenta la longevidad, estimula la mente y mejora la forma física. Por ello, en el centro residencial La Estrella de Logroño han puesto en marcha un divertido programa de actividades con perros y han inaugurado la temporada de su huerto, que cuidan los residentes en el recinto.

Ambas actividades han tenido una gran acogida, como prueban los testimonios de Felisa Adán y Antonio del Castillo, dos residentes del centro que celebran estas iniciativas.

“El objetivo es que disfruten de la convivencia mientras se entretienen con el cultivo”

En el recinto de esta residencia riojana, se encuentra un pequeño huerto que en esta época está en pleno funcionamiento.

Desde marzo, los residentes más independientes empiezan a preparar la temporada pensando qué quieren cultivar y labrando la tierra con la ayuda de los terapeutas y el animador. Cuando ya se ha plantado, bajan 2 o 3 veces a la semana con regaderas a cuidar de que el cultivo no se seque.

Antonio del Castillo, nacido en Uruñuela y orgulloso del vino de su tierra, es residente del centro y su vida ha estado muy ligada a este tipo de actividades: “32 años he trabajado en el campo”, nos dice. Para él, el huerto es una buena manera de seguir poniendo en práctica todo lo que ha aprendido a lo largo de su vida y de mantenerse activo tanto física como mentalmente.

Es él quien cuenta que, en años pasados, este rincón ha dado cebollas, patatas o pimientos. Ahora mismo, hay plantadas 20 tomateras de 2 tipos de variedades: 10 son de pera y 10 de híbridos. “Hace poco les hemos puesto las guías”, comenta de las tomateras.

Uno de los usuarios comprueba las tomateras que han plantado este año.
Uno de los usuarios comprueba las tomateras que han plantado este año. FOTO: Clece La Razón

Antonio trabaja con otros compañeros en el campo. Su animador, Daniel García, explica que se trata de una actividad para un grupo de entre 8 y 10 mayores, “los que cuentan con una mayor autonomía física”, ya que, por su naturaleza, el huerto no es accesible para todos.

“El objetivo es que disfruten de la convivencia mientras se entretienen con el cultivo, se mueven y toman el aire”, afirma Daniel. Y aclara que el entretenimiento no acaba cuando finaliza la actividad: “Luego es la comidilla del día a día en la residencia, también para las familias, que les preguntan qué tal va el huerto, los tomates…”

Además, cuando el huerto empieza a dar sus frutos, residentes y empleados organizan una pequeña merendola para que puedan disfrutar del producto de su trabajo.

Antonio explica que para el año que viene esperan ampliar el área de cultivo, en la que poder seguir trabajando y disfrutando de la naturaleza y también del fruto de su esfuerzo, que no es poco. Y es que, como dice este riojano, “las plantas son como los amores: cuando no se riegan, se mueren”.

“La interacción con el perro se convierte en un proceso social, interactivo y estimulante”

Felisa Adán nació en el Collado y con 20 años se fue a Logroño a vivir. De ahí, cuenta, nunca se movió porque “me mareo mucho en el coche”.

Durante toda su vida, Felisa ha estado rodeada de animales porque “me gustan mucho, son muy listos y buenos”. Entre los animales que ha tenido, cuenta perros, gatos, pajaritos, ovejas e, incluso, una cobaya “capaz de comerse una lechuga entera en solo 5 minutos”, añade.

Felisa hoy vive en la residencia y se siente como en casa. Por ello, cuando conoció a Dana, la perrita que les visita cada dos semanas en el centro de mayores La Estrella, Felisa fue muy feliz. “Es una perrita preciosa, muy cariñosa”, comenta esta riojana. “Hace todo lo que le mandas, le dices ‘siéntate’ y se sienta”.

Dana forma parte de la terapia asistida con perros que tiene lugar en el centro. El departamento de neuropsicología coordina y organiza las sesiones quincenales, conformando diferentes grupos desde 2017. Andrea Iglesias, psicóloga del centro, es la responsable de organizar los grupos reducidos y homogéneamente distribuidos, con objetivos y actividades adaptadas de manera individual, como ella misma nos comenta.

Un residente de La Estrella acompañado por Dana, entrenada para participar en la terapia.
Un residente de La Estrella acompañado por Dana, entrenada para participar en la terapia. FOTO: Clece La Razón

De esta manera, el propósito de estas actividades “es el de fomentar el funcionamiento físico, social, emocional y/o cognitivo (como la atención, el lenguaje, el cálculo, las funciones ejecutivas o la memoria) de los residentes”, explica Andrea.

Uno de los juegos favoritos de los mayores con Dana es esconderle cosas para que las encuentre. “¡Qué lista es! Solo con el olfato ya es capaz de encontrar cualquier cosa que le escondas”, afirma Felisa.

Andrea ve claros los beneficios: “La interacción con el perro se convierte en un proceso social, interactivo y estimulante”. En el caso de Felisa, ella misma cuenta que, incluso los días que se levanta de peor ánimo, la llegada de Dana le da mucha alegría: “Me pone de muy buen humor”.

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