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Los centros de día, esenciales para mantener la calidad de vida de los mayores

Los cuidados y las actividades que se llevan a cabo en los centros de día para personas mayores cumplen una función primordial: promover el envejecimiento saludable, tanto a nivel físico como cognitivo, a la vez que tratan de prolongar la permanencia en su entorno habitual

Los centros de día ofrecen una atención individualizada donde las actividades se adaptan a la situación de cada uno para estar en forma, a todos los niveles.
Los centros de día ofrecen una atención individualizada donde las actividades se adaptan a la situación de cada uno para estar en forma, a todos los niveles. FOTO: Clece La Razón

El sedentarismo, la soledad no deseada o la falta de estímulos pueden acelerar el deterioro de las personas mayores. Realizar ejercicios con cierta frecuencia, tanto cognitivos como físicos, puede ralentizar ese deterioro y mejorar notablemente su calidad de vida.

El lugar idóneo para ello es un centro de día, que ofrece una atención individualizada dirigida por profesionales, donde las actividades se adaptan a la situación de cada uno para estar en forma, a todos los niveles. Además, es el escenario perfecto para relacionarse con más personas de su edad y socializar durante gran parte de la semana.

El objetivo es mejorar la calidad de vida de las personas mayores y contribuir a mantener su autonomía e independencia. De este modo, muchos usuarios pueden continuar en su domicilio habitual, al mismo tiempo que están activos y en forma.

Cuidando el cuerpo y la mente

¿Cómo es el día a día en estos centros? Laura Rodríguez es terapeuta ocupacional en el Centro de Día de Sanxenxo, en Pontevedra, gestionado de forma indirecta por Clece, compañía dedicada a la prestación de servicios esenciales.

Ella misma explica cómo de lunes a viernes, a partir de las 8 de la mañana, los usuarios van llegando, bien con sus familias o bien con el transporte que el centro pone a su disposición. Una vez allí, “empezamos la jornada con actividades de orientación a la realidad, como ver en qué día estamos, qué tenemos que hacer…, y de ahí pasamos al cálculo o los ejercicios de memoria”, comenta.

Estos ejercicios están orientados a mantener las capacidades de los usuarios y a que puedan aplicarlos en su día a día, como, por ejemplo, la gestión de sus cuentas personales, talleres de cocina, manualidades, cerámica…

Una vez completado este primer ciclo, según explica Laura, realizan un circuito para caminar, con ejercicios de gerontogimnasia. Además, cuenta que, dos veces por semana, los usuarios más autónomos de este centro de Sanxenxo salen al mercado que hay cerca del centro para moverse y contribuir a la compra de la merienda que luego toman, fomentando así su independencia y empleando lo aprendido en sus actividades de gestión del dinero.

Para las personas más dependientes, se realizan actividades de estimulación sensorial, musicoterapia y movilizaciones con la fisioterapeuta. También se lleva a cabo rehabilitación para aquellos usuarios con alguna lesión.

Por la tarde, al acumular ya el cansancio del día, las actividades se tornan más lúdicas con acciones que no necesitan tanta atención, como el dibujo. Al final de la jornada, entre las seis y las ocho de la tarde, los usuarios se despiden y van regresando a sus casas, donde “muchos aprovechan para contar a sus familiares lo que han aprendido, lo que han hecho, lo que más les ha gustado…”, explica Laura.

“Aunque puede haber alguna que otra reticencia al principio, lo cierto es que al cabo de unos días la mayoría están encantados: se conocen entre ellos, disfrutan con las actividades y se sienten mucho mejor”, comenta.

Usuarios del centro de día integrado en la Residencia Clecevitam Gerohotel, en Laguna de Duero (Valladolid).
Usuarios del centro de día integrado en la Residencia Clecevitam Gerohotel, en Laguna de Duero (Valladolid). FOTO: Clece La Razón

“Los beneficios son integrales”

Las actividades que se llevan a cabo en los centros de día permiten también promover el desarrollo cultural y social de los usuarios, dentro del lugar en el que viven. Por ejemplo, Laura cuenta que, desde su centro, se han hecho salidas a sitios con interés cultural de la localidad, como el auditorio de música de Villagarcía.

Además, las pasadas navidades llevaron a cabo la campaña Apadrina un abuelo, con alumnos de los colegios de la zona, por la que mayores y niños se han estado carteando. El éxito ha sido tal que este año han hecho manualidades juntos e, incluso, han organizado un debate intergeneracional sobre los regalos de antes y los de ahora.

Esto tiene como consecuencia directa que las personas mayores se sigan sintiendo parte de su comunidad y continúen estableciendo vínculos sociales incluso más allá del centro. De esta forma, se contribuye a una mayor integración dentro de la propia localidad.

Pero los efectos no solo son notables en los mayores. María Insua, directora del centro de Sanxenxo, también destaca los aspectos positivos que tienen en las familias: “A la semana ya están totalmente adaptados y las familias, encantadas, porque ven cómo mejoran y palpan la evolución que tiene para su ser querido el desarrollo de este tipo de actividades”.

Cuenta María que se ha creado una Escuela de Familias, orientada a dar un apoyo a las personas que cuidan a los usuarios del centro cuando están en su casa, principalmente, en todo aquello relacionado con las dudas que surjan en el día a día con la persona mayor en su casa. La escuela, que tiene por eslogan “Cuidamos al cuidador”, contribuye, en palabras de María, a “enseñar cuestiones cotidianas, pero también a que compartan cómo se encuentran, cuáles son sus preocupaciones en torno al familiar, y vemos cómo podemos ayudarles”. En su opinión, “los beneficios son integrales”.

Cristina Rico y Henar San José son, respectivamente, terapeuta y fisioterapeuta del Centro de Día integrado en la Residencia Clecevitam Gerohotel, situada en Laguna de Duero (Valladolid). Se trata de un centro residencial que también ofrece actividades de día a los habitantes de la localidad que siguen viviendo en su entorno habitual. “No hay distinciones entre residentes y usuarios del centro de día”, explican. En las actividades, ambos grupos se mezclan, separándose, únicamente, por nivel cognitivo.

Para ellas, el aspecto positivo de este tipo de centros es el trabajo en las funciones ejecutivas y físicas, como ya hemos visto, pero también en la socialización entre los usuarios. Y es que, al estar juntos, forjan amistades y están con personas afines, reforzando así su red de amigos, algo muy importante para un envejecimiento activo. “Cuando empieza el fin de semana, están deseando que sea lunes de nuevo”, comentan.

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