¿Por qué hay miles de gaviotas sobrevolando la M-30 de Madrid?

Su presencia no ha parado de aumentar en la capital desde los años ochenta

Apostadas en farolas que iluminan la calzada o en los carteles informativos de la M-30 que marcan las distintas direcciones al conductor. Allí se posan hieráticas y vigilantes las gaviotas. A veces es frecuente verlas sobrevolar la calzada por la que transitan diariamente miles de conductores. Son testigos del atasco, los humos, el ruido y a las que la contaminación no parece disuadir. Y es que Madrid es destino «vacacional» de invierno de la gaviota. Muchas se concentran en el nudo sur, en la confluencia de la M-40 con la M-30, a la altura del Parque Enrique Tierno Galván y en las proximidades del río Manzanares. Madrid cuenta con la visita anual de estas aves que eligen la capital como destino preferente entre los meses de septiembre a abril.

Lo que muchos conductores se preguntan cuando transitan por la M-30, y en el atasco quisieran ser la gaviota, es ¿por qué Madrid no tiene playa pero sí tiene gaviotas? «Sorprende verlas, pero cada vez son más habituales. Muchas utilizan el río Manzanares para descansar y otras miles usan su cauce como “autopista” entre las zonas de alimentación diurnas al sur de la Comunidad de Madrid, generalmente vertederos, y los importantes dormideros establecidos al norte, en el embalse de Guadalix y en el de Santillana», explica Blas Molina, técnico del Área de Ciencia Ciudadana de SEO/BirdLife.

La mayoría provienen del centro de Europa y, en los meses de invierno, recalan en la Península Ibérica durante su migración, especialmente en las zonas de interior, donde hay buena temperatura y comida segura. «Hibernan en Madrid debido a que hay mucho alimento», añade el experto en aves.

Uno de los puntos de la M-30 donde es posible encontrar gaviotas apostadas en las farolasAlejandro OleaLa Razon

Pero, ¿dónde encuentran el alimento? «En los grandes basureros de Valdemingómez, el de Colmenar y Pinto. Como hay tanto alimento, vienen los inviernos a pasar la época adversa porque encuentran los espacios adecuados para descansar en los embalses a pie de sierra, como el de Santillana, El Pardo y Valmayor y las graveras del Parque del Sureste». Y es que, según el experto de SEO, estas aves han aprendido en sus migraciones que los vertederos tienen cantidad de comida y eso garantiza su supervivencia. Se alimentan de peces, crustáceos y de restos orgánicos. Por eso asegura que alguna vez se puede encontrar a una gaviota en un vertedero comiendo un filete, teniendo en cuenta que los restaurantes tiran toneladas de sobras que no se aprovechan. Al «olor» de la comida que abunda en los vertederos también acuden otras aves habituales en Madrid, como son los milanos reales, los milanos negros o las cigüeñas blancas.

Las gaviotas que más abundan en la capital madrileña, sobre todo en los meses de diciembre y enero, y que aprovechan los carteles de la M-30 para descansar, son de la especie reidora y sombría. SEO/BirdLife describe a la sombría como una gaviota de tamaño grande y de dorso muy oscuro. El plumaje definitivo de estas aves es completamente blanco y de gris intenso. Las patas y el pico tienen un vivo color amarillo, al igual que el iris, que luce un anillo ocular rojo. Emiten un reclamo muy largo y ruidoso que comienza por unos sonidos cortos, seguidos de una secuencia parecida a una risotada. Según la organización, en 2018 se llegaron a contabilizar 128.000 ejemplares en Madrid.

La gaviota reidora es otra de las habituales de los inviernos madrileños, cada vez más cálidos. De esta especie se han registrado hasta 55.000 ejemplares, menos que de la sombría. Es una especie que está empezando a registrar un declive en algunas zonas de Europa. No obstante, «las poblaciones de aves, a veces, presentan fluctuaciones de manera natural», explica el biólogo. Pero, en general, la presencia de ambas ha ido aumentando desde la década de los ochenta hasta la actualidad.

Las reidoras son gaviotas de tamaño más bien pequeño, con un capuchón de color marrón chocolate. El plumaje varía con la edad. Los ejemplares adultos tienen una tonalidad gris clara en sus partes dorsales y de un blanco puro en las ventrales, que se torna chocolate en la cabeza, donde resalta un anillo ocular incompleto de color blanco.

Luis del Olmo, director general de Biodiversidad y Recursos Naturales de la Consejería de Medio Ambiente, cree que las gaviotas llegan buscando «cobijo, temperatura cómoda y alimento», pero no son las únicas aves que ahora predominan en los cielos de la capital madrileña. Los habituales son los estorninos, bencejos, gorriones, aviones comunes, que han perdido sitio en las zonas urbanas «por las nuevas tipologías de construcción, con superficies metálicas, de cristal o acero, que ya no facilitan huecos y cobijo para estas especies». Del Olmo asegura que en los informes ambientales de su departamento «se establece como criterio constructivo que la avifauna encuentre sitio para criar. Es bueno que haya pájaros en las ciudades; cuestionarlos es como preguntarse si está bien que haya flores».

Hasta diez especies distintas

En Madrid se han llegado a registrar hasta diez especies diferentes de gaviotas. La mayoría proceden del norte de Europa, pero se han llegado a registrar algunas provenientes de Norteamérica. Los temporales que entran por el Atlántico han llegado a registrar ejemplares hasta el interior.