Madrid

Berria, el “wine bar” para descubrir ejemplares desconocidos

Distintas experiencias creadas por sus sumilleres en la Plaza de la Independencia

Gabriela Alcorta, propietaria de Berria Wine Bar
Gabriela Alcorta, propietaria de Berria Wine Bar FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

La primera pregunta que nos lanza uno de los diez sumilleres de Berria, en este caso Dani Teruel, fue qué tipo de vinos nos apetecía beber. A partir de ahí, la selección de las etiquetas es suya porque, en nuestro caso, escogimos una de las “Experiencias Berria”, destinadas a descubrir nuevos ejemplares, además de la esencia del “wine bar”. Son tres: Experiencia Alcalá, Berria y Sumiller. Según nos cuenta Gabriela Alcorta, propietaria del concepto, “se diferencian en el número de copas, en las diferentes zonas vitivinícolas y en el precio 50, 90 y 150 euros”, dice, al tiempo que explica:

Es posible pedir medias copas y así descubrir cuantos más mejor

“Cuando vas a un restaurante de alta cocina, escoges un menú degustación corto o largo, ya cuentas con unos platos y los acompañas de unos vinos. Aquí, es al revés, la protagonista es la selección que realizan los sumilleres teniendo en cuenta que contamos con más de 100 vinos por copas y más de 2.200 referencias, que pueden variar cada día”. El objetivo es que el cliente sepa lo que va a pagar por los vinos. En definitiva, quien acude puede disfrutar de unos vinazos y acompañarlos sólo de unas anchoas y media de croquetas, ya que los protagonistas son los ejemplares.

Sí, nos encontramos en un “wine bar”. Un concepto único dirigido por Gabriela, quien trabajó durante dieciséis años en Loewe, así que nadie mejor que ella para llevar a la mesa el lujo bien entendido. Esa exclusividad que no se ve y sí se paladea. De ahí que trabaje a diario para que cada comensal que entra por la puerta se encuentre como en casa. Tanto es así, que atienden con el mismo interés a aquellos que acuden porque les gusta catar vinos exclusivos, a quienes optan por medias copas por eso de descubrir también varias etiquetas y a quienes prefieren centrarse en una sola botella:

“Hay más cultura de vino en Madrid de lo que creemos y aquí se viene a disfrutar y a dejarse llevar por el conocimiento de los sumilleres”, añade. Nosotros escogemos la Experiencia Alcalá: “No vas a saber qué vas a beber, aunque alguna etiqueta si lo deseas, se puede modificar. A lo largo de la comida, las copas se quedan en la mesa y eso es muy divertido. La idea es jugar e, incluso, es posible regalar “experiencias”, apunta. Además, nos desvela que en el equipo cuentan con diez sumilleres, que dirige Tomas Ucha (Mugaritz), a los que fomentan el estudio.

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Es de esos platos que es imposible no pedir en cada visita. Más si alguno de los sumilleres propone degustarla con el alemán Wagner Oberrotweil Spätburgunder 2019 con el que forma la perfecta pareja de baile. Aunque, sin más, lo suyo es dejarse llevar y disfrutar.
Gabriela Alcorta, propietaria de Berria Wine Bar
Gabriela Alcorta, propietaria de Berria Wine Bar FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Un apunte necesario, a quien le parezca el precio final elevado, debe tener en cuenta que no sólo se encuentra en una mesa con vistas a la Puerta de Alcalá y al Retiro, sino que la persona que le atiende “lleva entre cinco y diez años estudiando e invirtiendo dinero en ello. Por eso, cuenta cómo explica al comensal cada vino, ya que los que descasan en la bodega han sido muy seleccionados. Además, las copas en las que los bebes son de la casa Zalto, de altísima calidad”.

Aquí, en el menú degustación mandan ellos

En cuanto a la propuesta gastronómica, se encuentra en plena evolución y, sobre todo, aquí también se cuida muchísimo el buen producto. Dani Teruel nos sorprende para comenzar con una copa de champagne, un Jacques Lassaigne Les Vignes de Montgueux, que disfrutamos junto a unas maravillosas anchoas de Santoña -recordemos que Berria es el nombre de su playa-. Al preguntarle por qué lo ha escogido nos asegura que “hay que empezar bien la semana.

Se trata de un cien por cien Chardonnay, un blanc de blancs, que combina muy bien con la salinidad de las anchoas”. Enseguida, toman la mesa las rabas para probar con la manzanilla, de Bodegas Alonso, situada en Sanlúcar de Barrameda, “con un punto de salinidad muy marcado, que se encuentra en su plenitud de edad, y va muy bien con éstas”. La copa de Selbach Oster Löwenbach Riesling 1997 la probamos con los rabitos, ya que Juanjo López Bedmar comienza a asesorar la carta. Y, para terminar, nuestra fue la irreprochable tarta de queso de queso.

¿Dónde? Plaza de la Independencia, 6. Las experiencias cuestan 50, 90 y 150 euros.