El noble arte de sacar muelas en el Museo del Prado de Madrid

Doce cuadros de autores de la talla de Rubens, El Greco, Durero o Velázquez han servido de base para un análisis sobre la higiene bucodental y sus prácticas desde el siglo XVI hasta la actualidad

El charlatán sacamuelas, en el Museo del Prado
El charlatán sacamuelas, en el Museo del Prado FOTO: Museo del Prado

Un repaso por una historia dolorosa de la humanidad. Y no hablamos de la representación de guerras y batallas, tampoco de martirios sangrientos en cuadros de temática religiosa de la escuela sevillana o napolitana. Hablamos de la salud bucodental. En este sentido, el Museo Nacional del Prado, con el patrocinio de Laboratorios Lacer, ha abierto sus puertas a una visita exclusiva en la que expertos del arte y de la odontología han estudiado en profundidad la evolución de la salud bucodental a lo largo de distintos periodos históricos a través de obras maestras de la pintura expuestas en el centro madrileño.

En total, un conjunto de doce cuadros de autores de la talla de Pedro Pablo Rubens, El Greco, Alberto Durero o Diego Velázquez, han servido de base para un análisis sobre la higiene oral y sus prácticas desde el siglo XVI hasta la actualidad.

Entre los lienzos ilustres de la pinacoteca en los que se perciben los problemas bucodentales más frecuentes se encuentran “La familia de Carlos IV”, de Francisco de Goya, en el que se atisba cómo María Luisa de Parma había perdido la totalidad de su dentadura y “El Sacamuelas”, un óleo de Leonardo Alenza de 1844, el cuál ilustra la brusquedad de la odontología a mediados del siglo XIX.

“El lienzo costumbrista de Alenza condensa muy bien la tristeza de esta profesión en la mayor parte de la historia” puesto que ha sido un oficio menospreciado “al considerarse manual”, ha asegurado el doctor en Medicina y Cirugía, Odontología e Historia, Javier Sanz.

Durante el recorrido, el experto ha aclarado algunas peculiaridades relacionadas entre la historia, el arte y la práctica de la odontología, como el hecho de que la esposa de Carlos IV utilizara recetas dentífricas que contenían opio o que el mantenimiento de su “dentadura postiza”, elaborada con una porcelana “difícil de trabajar”, requería la ocupación diaria de tres operarios.

El interés por la composición facial, la expresión y los distintos tipo de sonrisas captadas por los máximos exponentes del arte europeo es otro de los elementos analizados en un contexto en el que no era común que los personajes retratados sonrieran o mostraran sus dientes.

Aun así, Sanz ha reparado en una separación en los incisivos superiores de “Adán”, en el óleo de Alberto Durero (1507); en la “mirada y la sonrisa sugerente” de la Mona Lisa en la copia de la Gioconda más temprana conocida hasta la fecha por el Taller de Leonardo da Vinci; y en una de las “pocas sonrisas de la época” representada por el pintor barroco Rubens en “Las Tres Gracias” (1635) a través de “dos pinceladas”.

“Uno de los signos que presentan con mayor frecuencia los cuadros es la sonrisa, o su ocultación, porque es capaz de definir diferentes estados de ánimo”, y, en lo que respecta a la historia de la odontología, “es interesante percibir en los cuadros la importancia que ha tenido perfeccionar las técnicas y productos para la higiene dental”, ha manifestado Sanz.

Distintas expresiones de picardía, sobriedad y dulzura aparecen también en obras como “La maja vestida”, de Francisco de Goya, “El cardenal” de Rafael o “Las meninas” de Diego Velázquez, concretamente, en la expresión de la infanta Margarita.