Madrid
La resistencia de la guitarra española a un paso de la Puerta del Sol
Manuel Rodríguez mantiene vivo en la calle Carretas un oficio centenario que su familia ejerce desde 1902
Benigno Marín sostiene una regla de metal y calcula con precisión la altura en milímetros de la cejuela, el pequeño puente de hueso que dará asiento a las cuerdas de la guitarra clásica que está rematando. El luthier, peruano de Cajamarca, tercera generación de una familia de guitarreros, es el artesano que trabaja en la tienda-taller de Manuel Rodríguez, una de las sagas más antiguas de la guitarra española en el mundo. Situada en la calle Carretas 10, a un paso de la Puerta del Sol, su tienda se ha convertido en un escaparate y en icono de un sector en desaparición. Delante de ella pasean miles de turistas que se detienen asombrados frente al amplio escaparate de cristal para observar el trabajo paciente y preciso, casi como un ritual, de Benigno, un oficio artesano que mantiene vivo en el centro de Madrid junto a Manuel Rodríguez. Se trata del propietario de la tienda y de la segunda marca más antigua del mundo de guitarra española. También es la tercera generación de guitarreros y ahora, con una fábrica en Rumanía y un taller en Toledo, exporta este símbolo español a 120 países. «Si yo cobrase por las fotos de mi luthier en el escaparate sería multimillonario. Ver una guitarrería es algo atípico», bromea Rodríguez. «Me preguntan si hago las guitarras con las manos: ¡claro!, ¿con qué piensan que lo hago, con los pies?», añade Benigno Marín incrédulo, aunque consciente de que lo artesano sorprende en el mundo digital en el que nos movemos.
Rodríguez quiere que la guitarra española se conozca. Y lo dice con empeño y pasión: «Madrid es la capital del mundo de la guitarra española. Aquí se desarrolló. Como también están los mejores tablaos flamencos». Pero, pese a que la suya es una marca centenaria y sus creaciones han pasado por músicos del calibre de Carlos Santana o Sting, «soy profeta en el mundo, pero en España no. Y eso que la guitarra es el símbolo del país. La guitarrería está desapareciendo porque la generación X y los millennials no están tocando instrumentos musicales. Todo es digital. Los baby boomers, que es mi generación, son los que más mantienen esta industria», dice apesadumbrado.
Hace poco más de un año que se instaló en la calle Carretas. «Universal Music está montando varios hoteles por el mundo, con teatros, y quiere proteger lo que es el símbolo del país. Me ofrecieron este local muy económico y lo que he hecho es colocar a un luthier en el escaparate para que la gente vea cómo se fabrica una guitarra», explica.
Rodríguez se ha convertido ya en embajador de la guitarra española. Entre otras cosas porque sus creaciones han sido muchas veces regalos de Estado para mandatarios extranjeros. Lo dice con orgullo al recordar que el negocio familiar, nacido en 1905, guarda una historia de emprendimiento increíble. Su raíz está en San Fernando (Cádiz), en una freiduría que regentaba su familia plena Primera Guerra Mundial. Allí, el bisabuelo de Manuel Rodríguez, de sangre gitana, tocaba en un grupo llamado «Los Mareki», mientras su abuelo atendía el negocio. Todo cambió cuando un buque alemán con mil soldados se hundió en la bahía de Cádiz. El temor a la contaminación del pescado arruinó de la noche a la mañana la freiduría. La situación obligó a su abuelo a reinventarse. «Como se arruinó, empezó a hacer guitarras para mi bisabuelo», cuenta.
El nuevo oficio llevó a la familia a Madrid, donde el abuelo entró en la Casa Ramírez, la guitarrería más antigua del mundo. Allí se formó. Paralelamente, abrió un pequeño taller en Lavapiés y otro en la calle Ministriles. Eran los años cuarenta. Pero la casualidad o la suerte hizo que Manuel Rodríguez conociese a un profesor de la Universidad de California (UCLA), que pasaba por la zona. Vio las guitarras, quedó fascinado y le planteó una pregunta que cambiaría su destino: «¿Por qué no viene usted a EE UU?».
«Mis padres fueron muy valientes. Estaban recién casados y se lanzaron a la aventura. Sin hablar inglés, con unas herramientas y unas maderas, conquistaron las Américas», recuerda Rodríguez. Se instalaron en West Hollywood, donde permanecieron quince años. Allí montaron una guitarrería española, en la meca audiovisual, con estrellas probando guitarras antes de rodar. «Ahí conocieron a muchos actores». La tradición guitarrera de Benigno Marín, el luthier que trabaja diariamente en la tienda, hizo el viaje inverso. Llegó a España en 1995 empujado por la crisis en su país y por un deseo firme: seguir dedicándose a la guitarra, el oficio que había aprendido de niño en Cajamarca, al norte de Perú, en una familia donde todos, (padre, abuelo, hermanos, sobrinos...) habían sido luthieres. Se presentó a Manuel Rodríguez con una guitarra de muestra bajo el brazo y obtuvo un sí inmediato. Desde entonces, lleva tres décadas trabajando para la marca.
Su trabajo no admite atajos. Comenta que la guitarra más sencilla requiere tres semanas de trabajo cien por cien manual, mientras que las más complejas, elaboradas con maderas nobles como el Palo Santo de Río, pueden llevar de tres a cuatro meses. Los precios van desde los 350 euros de un modelo básico hasta piezas únicas de 20.000 euros. Lo que lamenta es que «ningún niño toca ya la guitarra mientras la clientela se concentra sobre todo en adultos de más de 50 años». Tampoco hay ya muchos luthieres. «Todo es complejo en una guitarra: la cabeza, el mango, el diapasón, los trastes, la tapa, las barras armónicas....Para mí, construir una guitarra es mi vida. Es mi hobby y mi pasión. Cuanto más amor le pongo, mejor me salen».
La huella de Okuda San Miguel
►La singularidad de las guitarras de Manuel Rodríguez no se explica solo por la tradición familiar o la técnica, sino por un elemento casi sagrado: la madera. Algunas se conservan desde hace más de medio siglo y hacen que la densidad sonora que aportan sirvan para elaborar instrumentos únicos. Es el caso de la guitarra de Palo Santo que puede verse en la tienda de la calle Carretas con la firma de Jimmy Carter, quien contó en su fundación con las guitarras de Manuel Rodríguez para subastas benéficas. No es la única joya. En el local también puede verse una guitarra pintada por Okuda San Miguel, uno de los grafiteros españoles de mayor proyección internacional, cuyo valor asciende a los 40.000 euros. Existen once en el mundo y una de ellas está en Madrid.