Medio ambiente

Más letal que el virus

El tema del calentamiento global y el cambio climático es del siglo XIX —Svante Arrhenius, un químico sueco que fue Premio Nobel lo detectó por primera vez—, si bien es cierto que desde entonces la cuestión ha evolucionado mucho. De modo que en las postrimerías del siglo XX, en 1992, se acordó una Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Después vino el Protocolo de Kioto para recortar emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), en 1997. En la reunión del clima de Copenhague de 2009, se tomó conciencia del fracaso del citado Protocolo (casi solamente aplicado por la UE) y se vio la necesidad de esbozar nuevos criterios de descarbonización para que todos los países del mundo pudieran entrar en el proyecto de recortar los GEI a cero a más tardar en 2050. Poropósito que se alcanzó, en principio, con el llamado Acuerdo de París de 2015. Pero en 2019, en la Conferencia del Clima (COP-25) celebrada en Madrid, se declaró la emergencia climática: el mundo sigue quemando combustibles fósiles a tope. Así las cosas, pasados apenas cuatro meses de la COP-25, el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, hizo público un documento, el 11 de marzo de 2020, en el que se subraya que 2019 fue el segundo año de la historia con la temperatura media global más cálida desde 1880. Y la Organización Meteorológica Mundial insistió en que el incremento de la temperatura está relacionado cada vez más con las emisiones de GEI emitidas por los humanos. “Estamos muy lejos de cumplir los objetivos del Acuerdo de París de 2015″, advirtió Guterres. Y por ello mismo, insistió en que en la próxima Cumbre del Clima, que se celebrará Glasgow (COP-26), todos los miembros de la ONU deberán comprometerse a reducir sus emisiones en un 45 por 100 en el año 2030, sobre la base de 1990. La pandemia del coronavirus es mala: pero la no descarbonización sería letal para la humanidad como especie que podría entrar en peligro de extinción.