Volcanes que enfriaron el clima del planeta

La erupción del Pinatubo en 1921 o del Tambora en 1815 provocaron un enfriamiento de la atmósfera debido a la alta concentración de gases que emitieron. La de La Palma es mucho más pequeña en comparación pero ya despierta alarma por la nube de dióxido de azufre que está expulsando

Detalle del volcán Tungurahua
Detalle del volcán Tungurahua FOTO: José Jácome EFE

La lengua de lava expulsada por el Cumbre Vieja en la isla de La Palma había sepultado más de 166 hectáreas y quemado más de 350 edificaciones al cierre de esta edición. Habrá que ver qué pasa en los próximos días porque los científicos afirman que este episodio no ha hecho más que empezar. «La erupción está en estado primario. Tenemos referencia de las pasadas erupciones volcánicas y lo que nos dicen es que la duración puede ir entre tres semanas, siendo optimistas, hasta 84 días. La cámara magmática sigue llenándose mientras el volcán erupta. Lo vemos por el registro de terremotos que siguen teniendo lugar, hace unas horas de 3,8 grados», explica Raúl Pérez, investigador el Instituto Geológico y Minero de España.

Son muchos los científicos que se han desplazado a la zona y que llevan estudiando y analizando las señales que llegan desde el interior de la Tierra. Una semana antes observaban decenas de sismos a diferentes profundidades, que indicaban que se avecinaba una erupción. Muy lejos quedaron los tiempos en los que se pensaban que eran los dioses los que mandaban estos eventos. Como cuenta Lucy Jones, la científica americana experta en desastres naturales en su libro «Desastres. Cómo las grandes catástrofes moldean nuestra historia», fueron los romanos quienes acuñaron el término desastre, que significa literalmente mala estrella. Pocas horas antes de que el Vesubio sepultara Pompeya en el año 79 d C, Plinio el joven recogía en su diario los terremotos que se estaban produciendo en la zona y a los que no dio importancia porque eran constantes en Campania desde hacía una década.

Ahora la ciencia sabe que los terremotos anteceden a las erupciones porque le magma tiene que subir a la superficie a veces desde muchos kilómetros en el interior de la Tierra. Los volcanes ya no tienen ese aura de acto caprichoso de dioses enfadados, pero siguen causando el mismo estupor y daños terribles. Hay algo siempre que escapa a nuestro control en la Naturaleza. Las anteriores erupciones de Cumbre Vieja fueron en 1949 y en 1971. No hay un patrón que buscar.

Además de los efectos visibles en el suelo, el volcán está produciendo otros en la atmósfera. El martes, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) detectaba la llegada de dióxido de azufre (SO2) a Tenerife con picos de hasta 20 partes por billón, hasta 400 veces por encima del valor normal en esa zona, a 2.371 metros de altitud. De cómo se mueve el viento dependerá de cómo se traslade esa capa de gases, quizá a lo largo del día de hoy esté entrando ya en la Península. Es por eso y porque se espera la llegada de una DANA al país que la Aemet alertaba de la posibilidad de que se produjeran episodios esporádicos de lluvia ácida, aunque débiles, matiza, y sin peligro para la salud humana.

Las erupciones volcánicas expulsan a la atmósfera gases como el dióxido de carbono y cantidades de CO2 y en muchas ocasiones en el pasado han causado verdaderos estragos a nivel global. Sin ir muy lejos, la densa nube de que expulsó en 2010 el volcán islandés Eyjafjallajökull provocó la paralización del tráfico aéreo en todo el continente. Jones recuerda la erupción de Laki también en Islandia ocurrida en 1783. Duró nada menos que ocho meses. Los gases provocaron el que se conoce como annus mirabilis. La niebla espesa formada por los materiales que expulsó expulsó este volcán, mezcla de dióxido sulfúrico, sulfatos y ceniza, afectó a las cosechas y a la salud de gran parte del continente. Llegó hasta Berlín y solo en la isla provocó la muerte de la cuarta parte de la población y casi todas las cabezas de ganado.

Grandes erupciones como esta última son capaces de cambiar el clima a nivel global. Y, aunque parezca irónico porque expulsan CO2 (principal causante del cambio climático), resulta que ayudan a enfriar el planeta. Es lo que ocurrió tras la erupción del Pinatubo de Filipinas. En el año 1991 arrojó a la atmósmás fera toneladas de roca y ceniza y más de 15 millones de toneladas de dióxido de azufre.

¿Cómo sucede este enfriamiento? Pues básicamente porque las partículas que expulsan los grandes volcanes quedan retenidas en la estratosfera y no dejan pasar la radiación solar, reflejándola de vuelta al espacio. Otra de las erupciones que cambiaron el clima fue la que tuvo lugar en 1815 en Indonesia. El Tambora tuvo dos efectos curiosos en la historia: provocó que el año 1816 se ganara el título de año sin verano y creó a Frankenstein. El clima adverso obligó aun grupo de escritores reunidos en el lago suizo de Lemán (Ginebra) a prolongar sus vacaciones y para entretenerse empezaron a crear historias de terror. En este grupo de amigos estaba Lord Byron o Mary Shelley (entonces todavía soltera).

«Lo primero que tenemos que pensar es en la atmósfera primigenia, que se formó con partículas provenientes de las erupciones volcánicas. Entonces, la dinámica de la Tierra era mucho activa. Ahora los volcanes que tenemos son mucho más pequeños», dice Pérez.

La diferencia entre la de Cumbre Vieja y estas otras grandes erupciones es precisamente el volumen de materiales y su altura. «Este de La Palma tiene muchas bocas que emiten CO2 y dióxido de azufre, que puede tener consecuencias en animales y plantas, pero las cantidades emitidas a día de hoy son muy pequeñas para lograr un afectación global», dice Pérez. Eumenio Ancochea, experto en vulcanología y catedrático de Petrología y Geoquímica de la Universidad Complutense de Madrid coincide: «La diferencia estriba en los volúmenes de emisiones a la atmósfera entre aquellas grandes erupciones y esta y la altura que alcanzaron las partículas expulsadas. No se puede comparar volcanes que no son similares, pero los que afectaron al clima fueron grandes erupciones. Po decirlo d alguna manera fueron como bombas atómicas y emitieron columnas de muchísima altura. Las erupciones del Etna no mandan material a más altura de los 9 km y las de aquí están entre 4 y 7 km. Y luego hay que ver el histórico, estas dos del pasado en el peor de los casos quitaron un verano. Quizá si se produjera un evento parecido al del Pinatubo y con las actuales concentraciones de CO2 en la atmósfera podría haber alguna consecuencia en el cambio climático», dice. Solo por hacerse una idea, la columna de partículas expulsada por el Pinatubo superó los 40 km de altura y la de Tambora envió a la atmósfera 150.000 km3 de cenizas.

50 ERUPCIONES

El Etna casualmente también ha entrado en erupción esta semana y hay otros 50 volcanes activos estos días. Por eso quizá hay quien cree que se podría provocar, de alguna manera, erupciones para enfriar el planeta. Es una posibilidad que, de hecho, ya valoraban en 2010 un grupo de científicos de la Universidad de Calgary (Canadá) y la Universidad de Michigan entra otras. Solicitaban en una publicación en la revista Nature, una especie de fondo millonario para su experimento. Descartada la idea por peligrosa, solo queda tranquilizarse porque «de media, cada año se producen entre 50 y 60 erupciones en todo el mundo. Sobre todo en el conocido como cinturón de fuego del Pacífico. Por otro lado, cantidad de material que sale de un volcán depende de la cantidad que hubiera debajo y en el caso de Cumbre Vieja las estimaciones hablan de entre 20 y 40 millones de m3. Mucho menos que la cámara magmática de otros grandes volcanes», dice Ancochea.

No queda otra que esperar a los caprichos del volcán para saber cuáles serán sus consecuencias, aunque algunas de las más devastadoras ya las estamos viendo. Luego quedará medir «qué sucede en los cultivos de las islas con todas estas cenizas y partículas que se están depositando», dice Pérez. De momento, las producciones de plátano ya se están viendo afectadas.

YELLOWSTONE, LA GRAN AMENAZA

Es el parque nacional más antiguo y famoso de Estados Unidos y además, un volcán. Uno de enormes dimensiones porque solo la boca que descansa bajo el lago tiene 72 km de diámetro y aproximadamente la mitad de los géiseres que se producen en el planeta están aquí. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) lo tiene completamente monitorizado porque tiene constancia de al menos tres súper erupciones pasadas. Este término, explica el National Geographic, lo utiliza la USGS cuando «se expulsan más de 1.000 kilómetros cúbicos de rocas y ceniza en un solo episodio, es decir, para fenómenos cuya magnitud es más de 50 veces superior que la famosa erupción del Krakatoa de 1883, que acabó con la vida de más de 36.000 personas». Aunque todas los grandes episodios de despertar del volcán tuvieron lugar hace decenas de miles de años, provocaron un cambio en el clima en todo el mundo, un invierno volcánico.