Miedo en EE UU y UE a la llegada de un nuevo ciclón bomba

La borrasca Elliot ha dejado un rastro de decenas de muertos en los EE UU y la preocupación por una nueva tormenta ártica que se acerca a California. En España la bajada de la temperatura hace temer una nueva Filomena

Un estudio de Scientific Reports establece que el calentamiento global tiene dos influencias opuestas: las nevadas diarias promedio disminuyen, pero las nevadas extremas aumentarán en muchas regiones en las próximas décadas
Un estudio de Scientific Reports establece que el calentamiento global tiene dos influencias opuestas: las nevadas diarias promedio disminuyen, pero las nevadas extremas aumentarán en muchas regiones en las próximas décadas FOTO: Stephen Lam AP

La borrasca Elliot ya forma parte de los anales de la historia meteorológica estadounidense. Temperaturas mínimas de -45º en Montana, 20.000 vuelos cancelados, cortes eléctricos para unos cuatro millones de habitantes y, lo peor, más de medio centenar de víctimas mortales en el país. Los impactos han sido de tal magnitud que el Servicio Meteorológico Nacional (NWS) ha definido Elliot como una «tormenta de invierno única en una generación».

Este mismo servicio, además, alertaba hace unas horas de la llegada de una nueva tormenta invernal que amenaza a California. ¿Qué ha sucedido? Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante y director del Laboratorio de Climatología de dicha Universidad lo explica así: «Lo que ha pasado en Estados Unidos es lo que ahora se llama una bomba o ciclón explosivo. Se forma porque baja el aire muy frío del Polo Norte. El llamado aire ártico, que desciende por Norteamérica, primero por Canadá y luego por EE UU, encuentra a su paso aire más templado y genera lo que se llama una ciclogénesis explosiva; una borrasca muy intensa que genera fuertes vientos. En este caso, además, viene acompañada de una masa de aire muy húmeda polar, que genera las nevadas que hemos visto. Podría asimilarse a lo que pasó aquí con Filomena. Son situaciones de fuerte inestabilidad que afortunadamente evolucionan muy rápido: en tres o cuatro días ha barrido todo el territorio americano y ha provocado ese temporal», explica el investigador.

El intenso frío y las copiosas nevadas sucedidas en los EE UU recuerdan fácilmente a lo ocurrido en España en el comienzo de 2021. La borrasca Filomena dejaba un manto de 50 cm de nieve en Madrid y en otras zonas del centro y este durante una intensa nevada ocurrida durante los días 8 y 9 de enero. «La borrasca Filomena se generó en el interior del este de los EE UU entre los días 1 y 2 de enero, se desplazó hacia el noreste de Norteamérica y el día 3, ya completamente formada, entró en el océano Atlántico, desde donde se extendió por Europa». dice la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en su web.

Sin Filomena a la vista

El anuncio de una bajada de temperaturas anunciada para este fin de semana de Reyes ha disparado el miedo a que en España vuelva a repetirse una situación parecida a la que provocó Filomena hace ahora dos años. «Las ciclogénesis explosivas son relativamente frecuentes en los océanos Pacífico y Atlántico. Un estudio de 2021 dirigido por Robert Fritzen de la Universidad del Norte de Illinois encontró que alrededor del 7% de todos los sistemas no tropicales de baja presión cerca de América del Norte de 1979 a 2019 fueron “ciclones bomba”. Eso se traduce en unos 18 al año, en promedio cerca de América del Norte en ese período de 40 años. Son más comunes al este de Estados Unidos, pero pueden suceder en otras zonas. También son más comunes allí de octubre a marzo. En cuanto a algo como lo sucedido en EE UU la probabilidad de que suceda aquí es muy baja pero no podemos descartar. Sabemos que con el calentamiento global los fenómenos meteorológicos extremos tenderán a intensificarse», explica Mar Gómez, Doctora en Físicas y meteoróloga de eltiempo.es.

Sin embargo, a pesar de que el miedo ha disparado las fake news por las redes sociales, los expertos consultados descartan que, al menos de momento, se vaya a producir otro ciclón bomba como el de 2021. «A medio plazo, los pronósticos estacionales hablan de tiempo muy estable, tranquilo en enero y febrero con poca precipitación y temperaturas por encima de lo normal. Ese es el panorama de lo que está marcando los modelos para estos meses centrales del invierno. Viene a confirmarse un poco la misma situación de hace un año, que tuvimos unas Navidades calurosas, el mes de enero fue muy estable y el de febrero también. Parece que la rutina meteorológica sigue igual», matiza el investigador alicantino.

Es más, el cierre del año 2022 y el inicio de 2023 están siendo más calurosos de lo normal. Desde eltiempo.es recuerdan que «de momento estamos viviendo un invierno con temperaturas más cálidas de lo normal. De hecho, estos días se han batido hasta récords de temperatura. Se han batido récords de calor para un mes de enero nada más empezar el año: en Bilbao se registraron más de 25ºC el día de Año Nuevo. También fue un día histórico en Pamplona y Valladolid a 18ºC». El año que acaba de concluir de hecho, ha pasado a la historia por ser el más cálido vivido en la Península en los últimos cien años. La temperatura media ha sobrepasado por primera vez los 15 grados y hasta 2011 no se había llegado nunca a 14,5 grados, según advertía la Aemet esta misma semana: «España ha sufrido en 2022 varias olas de calor intensas en un verano marcado por un número récord de incendios forestales (más de 300.000 hectáreas arrasadas) y una gran sequía. Además, 2022 ya es considerado como el tercer año más seco de la historia, solo superado por 2005 y 2017. Esa falta de agua se concreta en unas reservas que en diciembre se situaban en el 43% de su capacidad (frente al 53% de media en la última década)».

La tendencia de los últimos años parece cada vez más clara para la ciencia: los récords en materia climática se suceden y acumulan. Tanto es así que la revista Time ha querido recopilar los nuevos términos que, desgraciadamente, cada vez son más habituales en prensa y que forman parte del nuevo clima del siglo XXI: «un clima que tiene más energía térmica», dice la revista. Uno de ellos es precisamente el de ciclón bomba, un término de finales de los 80 que intenta describir la intensidad de las tormentas que no son de verano. «Si bien este tipo de tormentas extremas ya existían antes de esa fecha y han existido desde entonces, los expertos ahora están estudiando cómo el cambio climático ahora puede estar creando más oportunidades para que estos eventos se desarrollen o se vuelvan más fuertes», dice la publicación. Otro término asociado a estas grandes tormentas invernales como Elliot es el de vórtice polar, un concepto que no es nuevo pero que cada vez ocupa más espacio en la información meteorológica. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA por sus siglas en inglés) afirma que apareció por primera vez en 1853 en la revista Living Age. «El nombre se refiere a masas de aire frío y de bajas presiones que se ubican en la troposfera (capa de la atmósfera hasta los 12 km de altura) y la estratosfera (entre 12 y 50 km de altura), y que giran a diferentes velocidades en sentido contrario a las agujas del reloj sobre el Polo Norte y el Polo Sur. Gracias a ellas, el aire frío y denso se mantiene sobre los polos. Múltiples factores climáticos hacen que ese aire frío encerrado se libere repentinamente y descienda hasta las capas inferiores de la atmósfera, desencadenando estragos. Uno de estos factores es la intrusión de masas de aire más cálidas que pueden desestabilizar el vórtice y enviar aire ártico hacia el sur», según explica la NASA. La comunidad científica estudia cómo el cambio climático está cambiando la corriente en chorro. Las regiones polares se están calentando más rápido que el resto del planeta y esto hace que las diferencias de temperaturas en las altas capas del aire sea menos extrema y que la corriente de aire serpentee más, algo que desencadenaría episodios de clima más extremo como estos frentes tan fríos. «Puedes apostar tu último dólar a que este clima se debe a que la corriente en chorro está más enloquecida de lo habitual», decía a la BBC Jennifer Francis, científica principal del Centro de Investigación Climática Woodwell en Falmouth, Massachusetts.

Del tornado de fuego a la «heatflaction»

La revista Time recuerda una serie de términos que cada vez suenan más y que se relacionan directamente con una atmósfera más inestable. Por ejemplo, el concepto cisne gris: «un evento extremo increíblemente raro, estadísticamente hablando». El cambio climático hace que los eventos que se producían una vez en un siglo, y que eran imposibles de predecir, tengan más probabilidades de ocurrir con más frecuencia. Otro concepto más estival es el de los tornados de fuego: columnas de fuego que a menudo estallan durante un incendio forestal cuando aumenta el calor intenso y se combina con fuertes vientos. Uno de los primeros casos de un “firenado”, como los llama Time, se documentó en Australia en 2003. Tampoco hay que olvidar palabras de carácter económico como heatflation. Fue acuñado este año por una redactora de Grist para describir «cuando las altas temperaturas hacen que los precios se disparen».