¿Recuerdas el SEAT 132?

Su precio arrancaba en 1.800 euros al cambio en pesetas. Fue el primer modelo de la marca en incorporar Aire Acondicionado

Nació en 1973 y pronto se convirtió en el reflejo del lujo y el equipamiento más avanzado de SEAT. Supuso un gran avance respecto al modelo que sucedía, el SEAT 1500, y se adaptaba mejor a las necesidades de una época en la que se demandaba espacio y confort para toda la familia. El 132 permitía alcanzar los 170 km/h en un momento en el que los radares no existían como ahora y sólo la apreciación del agente de tráfico era el único criterio para sancionar si se superaban los límites de velocidad establecidos. Un modelo que continuó la saga de vehículos familiares de la marca que siguió con otros como el Exeo o el todocamino Tarraco.

El SEAT 132 seguía con el concepto mecánico clásico, con motor delantero y propulsión trasera. El tren trasero hacía desaparecer la barra Panhard y dispuso una suspensión posterior con un guiado mucho más eficaz. Además, los neumáticos ya eran radiales, lo que suponía un gran avance en comportamiento y seguridad.

En esta área, el 132 seguía empleando un doble faro, los limpiaparabrisas eran de color negro mate para evitar reflejos, se le dotó de un espejo retrovisor exterior y se incorporaron de serie los reposacabezas delanteros. Los reposacabezas, por cierto, suscitaron encendidos debates sobre si inducían al sueño y perjudicaban a la seguridad.

Por lo demás, el confort estaba bien presente en el 132. Para comenzar, la prensa de la época destacaba del SEAT 132 unos asientos aún más cómodos que los del 1500. Eran asientos muy anchos, tapizados en un atractivo y tupido tejido simulando un denso terciopelo. La suspensión carecía de estabilizadoras, para no alterar las virtudes de su diseño y resultaba muy cómodo. Detrás, había cinco plazas, con mucho espacio para las piernas y un reposabrazos central (por supuesto, con sus luces de lectura, asideros en el techo y reposabrazos en las puertas). Disponía de un rico equipamiento, pero con una presentación sobria, nada preciosista, salvo la presencia de madera de nogal en el salpicadero.

El 132 era tan elegante por fuera, con sus mandos de puertas enrasados y llantas de bonito diseño sin tapacubos, que se le criticó por no llevar escudos de protección adicionales en los paragolpes, solo una elegante tira de goma. En su versión diésel 2200, de 1978, era el segundo coche de más valor del mercado nacional (también era el diésel español de mejores prestaciones).