El torero sevillano Morante de la Puebla ha sido crujido con insultos y amenazas por un zaguanete de bestias analfabetos que han seguido al pie de la letra la consigna de su líder, Pablo Iglesias. La consigna de la «alerta antifascista» ha cuajado en los páncreas de los rucios, que se han presentado en la Puebla del Río, ante la finca «La Huerta de San Antonio», dejando un recuerdo amenazador de pintadas en rojo contra el torero de la Puebla. Y todo, porque Morante ha tenido la osadía de apoyar a Vox, un partido legal y constitucionalista que por su ascenso, ha dejado tiritando al sistema social-comunista que ha imperado en Andalucía durante los cuarenta años de democracia. Gentuza iletrada que aún no se ha enterado de que Vox se escribe con V.

En tres letras se equivocan con la primera, prueba irrefutable de su falta de interés por la lectura. Las faltas de ortografía son consecuencia de la ausencia de lecturas. Contaba mi abuelo, don Pedro, que estudió su bachillerato en el colegio de los Jesuitas del Puerto de Santa María, en las mismas aulas que Juan Ramón Jiménez, Fernando Villalón y Rafael Alberti, que su profesor de Gramática, gaditano de la Real Isla de León, San Fernando, les creaba auténticos laberintos en la cabeza. «A ver niños, si se enteran ustedes de una vez. Una cosa es el hablar y otra escribir los hablares sin “fartas” de ortografía. Precisamente eso, sin “fartas”. Porque “farta”, “sordado”, “barcón”, “arpiste”, “ardaba” y “mardita sea tu arma” se escriben con L». Aún así, de los Padres Jesuitas del Puerto salieron grandes escritores, abogados, ingenieros, filósofos, poetas y médicos.

Lo menos grave de la agresión verbal de estos animales es la B que coloniza a la V de Vox. Lo realmente grave es que una opción política democrática sea el motivo de una salvajada. «Torero de Pacotilla, acabas como Padilla. Ole». Y la careta de un tuerto. «Al nazi, tiro y cuneta. Andalusía (sic) no se toca». La «alerta antifascista» de Pablo Iglesias seguida y obedecida con todo rigor, exceptuando el ortográfico.

Morante de la Puebla adoptó una postura valiente y sincera. Con toda su popularidad se situó en el escaparate del riesgo. Esos ataques de ira contra quienes no han hecho nada todavía, están dotando al partido de Abascal, Ortega Smith y José Antonio Ortega Lara – y ahora también el de Morante de la Puebla-, de una fuerza que lleva camino de apoderarse de la voluntad democrática de millones de españoles, hartos de las golferías de unos y de otros. Y muchos de los votos que está coleccionando para el futuro Vox, provienen del desencanto de las izquierdas que no han entendido que sus dirigentes hayan pactado con los separatistas, los golpistas y los herederos de la ETA para gobernar en España. Ni Vox ni Morante de la Puebla tienen culpa alguna del descalabro de socialistas, comunistas y estalinistas de Podemos en Andalucía. Urna, papeleta y recuento. Eso es la democracia. Y en las próximas elecciones europeas, municipales y autonómicas, el susto va a ser mucho más grande. El susto para unos y el júbilo para otros.

Las palabras del timonel supremo, líder de la sonrisa y dictador de Podemos posteriores a los resultados de las elecciones andaluzas, son delictivas, o al menos, fronterizas con el delito. Impulso a la violencia contra los resultados de unas elecciones libres. El primero en padecer la cobardía violenta ha sido un torero, qué casualidad. Un torero al que han soltado del chiquero un toro astifino con más pitones que un miura. Nada más peligroso que un manso asustado, como el futuro de los podemitas. Morante ya ha cortado las dos orejas y el rabo con su libre elección. Un altísimo porcentaje de la intención de voto a Vox es de los jóvenes. Tezanos, una vez más, va a disfrutar de su columpio. La instigación a la violencia contra la libertad no ofrece beneficios. Siempre el beneficiado es el agredido. El que prefiere ser víctima que verdugo para sostener su libertad.