La burbuja de Sánchez
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Pedro Sánchez pisa la calle. Su agenda electoral está diseñada para incluir paseos aquí y allá. Con fuertes medidas de seguridad. La cercanía al ciudadano y especialmente al potencial electorado, es una fórmula trazada por los estrategas para sacar partido del tirón actual del líder entre aplausos, intercambios de impresiones y toda clase de «selfies». Relajado y sonriente, Sánchez se detiene para saludar, besar y posar. Sin embargo, a quienes el presidente en funciones sigue esquivando es a los medios de comunicación.

A la espera de las elecciones del 26 de mayo y sus consecuencias para formar el Gobierno de España, el líder socialista multiplica los llamamientos para rematar el triunfo de las generales, frente a la amenaza de lo que denomina «las derechas». Sus propios estudios demoscópicos detectan una senda alcista del PP cabalgando precisamente sobre el desinfle de Vox.

Los socialistas han pasado de alentar, al final de las pasadas elecciones, un crecimiento exponencial de las siglas de Santiago Abascal, aireando el miedo al doble sorpasso a Cs y Podemos, a resaltar ahora la pugna entre populares y naranjas por liderar el centro derecha.

Bajo el temor –siempre presente en el alto mando socialista– a la desmovilización de la izquierda, Pedro Sánchez se ha echado a la espalda la campaña con la descarada intención de que Pablo Iglesias esté lejos de ser esencial en todos los territorios. La aspiración pasa por gobernar en solitario en Extremadura y Castilla-La Mancha, aunque deban tirar de geometría variable, y por agrandar la distancia con los morados en las islas Baleares o Aragón.

Oído entre bambalinas a un miembro del Comité Electoral del PSOE: «Lo último que quiere Pedro Sánchez es que Pablo Iglesias pueda apretarle la noche del 26-M».