La corrupción de los Pujol

Está acusado de acumular un patrimonio desmedido en dos décadas de corrupción. El juez de la Mata descarta que su origen sea la herencia del abuelo Florenci, un hábil bolsista que se enriqueció en la Cataluña de la posguerra

La Razón

Los Pujol fueron durante décadas el clan familiar más poderoso de Cataluña. Como cabeza estaba el presidente de la Generalitat y su poder omnipresente no tenía parangón con el que haya podido tener cualquier otro presidente autonómico. CiU fue decisiva para los gobiernos de UCD, PSOE y PP, por lo que la estabilidad dependía de él. A pesar de no coincidir ideológicamente y de haberle criticado duramente, le respetaba porque pensaba que era un político honrado. Nunca creí que hubiera hecho nada irregular en Banca Catalana. No le conocía superficialmente. Mi suegro había estudiado la carrera de medicina con él y había operado a su primo Joaquím. Le traté como periodista durante más de dos décadas y conocía a algunos de sus hijos. He de reconocer que le tenía afecto personal, aunque su nacionalismo me dolía profundamente igual que el acoso al castellano. Nunca dudé de su independentismo, aunque el pragmatismo le hacía adaptarse mientras construía las bases para que algún día se lograra. Era distante y marcado por un cierto resentimiento hacia la alta burguesía catalana.

Un día que hablábamos de este tema me dijo irónicamente: «te has dado cuenta de que para triunfar en Cataluña te tienes que llamar Trias». Las burguesías provincianas, como la catalana, tienen ese punto de crueldad social hacia aquellos que han triunfado pero que todavía no consideran uno de los suyos. Pujol se refería a las familias enriquecidas con la Restauración y que tenían sus casas en Pedralbes, aunque sus fortunas ya hubieran desaparecido. Recuerdo ese dicho que he escuchado desde pequeño: «el abuelo crea la empresa, el padre la mantiene y el nieto la pierde». Pujol era un animal político dotado de una extraordinaria inteligencia y memoria. Un personaje fuera de lo común entre la clase política. No importaba si le querías o no, porque no dejaba indiferente. Ahora afronta la etapa final de su vida con el procesamiento de su familia y sin poderse envolver con la bandera de Cataluña como sucedió con el Caso Banca Catalana. Está acusado de acumular un patrimonio desmedido en dos décadas de corrupción. El juez de la Mata descarta que su origen sea la herencia del abuelo Florenci, un hábil bolsista que se enriqueció en la Cataluña de la posguerra. Hay que respetar la presunción de inocencia y me hubiera gustado, a pesar de mis profundas discrepancias políticas, que ni él ni su familia fueran procesados por corrupción.