Nadie gana, todos pierden

El entendimiento entre el gobierno de España y el autonómico de Madrid ha dejado estupefactos a millones de ciudadanos porque lo que han interpretado en realidad es que, desde febrero que empieza la epidemia hasta septiembre, no ha habido colaboración ni ayuda mutua.

El encuentro del pasado lunes entre Isabel Díaz Ayuso y Pedro Sánchez ha sido interpretado como un éxito de sus asesores áulicos, Miguel Ángel Rodríguez e Iván Redondo.

La lectura que hacen algunos se fundamenta en los réditos que ha obtenido cada una de las partes.

Desde esta perspectiva, Díaz Ayuso habría mostrado que antepone los intereses de los madrileños a la disputa partidaria y que al igual que no se muerde la lengua en la batalla si hay que tejer alianzas con el adversario, lo hace sin ningún complejo.

La que ha sido el azote del gobierno y ha liderado la bandera de la oposición, eclipsando al líder de su partido, ha querido dejar claro que representa a una institución clave en el reparto de poderes y que es capaz de sentar en su despacho al presidente del Gobierno de España para pactar, que no todo deben ser palos en política.

Por su parte, Sánchez ha intentado proyectar varias ideas. Para la primera buscó el escenario adecuado, el despacho de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Lo habitual hubiera sido que el encuentro hubiese tenido lugar en el Palacio de la Moncloa, pero el líder socialista ha preferido mostrar su cara más humilde y, de paso, desmontar la idea de que tiene un frente contra el PP de Madrid.

Por otra parte, y este es el mensaje de fondo, intenta que se visualice que en el Partido Popular hay dos posiciones, la de Pablo Casado, más preocupado por el desgaste al gobierno y hacer oposición que en servir a los intereses generales frente a otros que, si bien son muy beligerantes contra el gobierno socialista, avienen a entenderse en situaciones de gravedad, como la actual.

Probablemente, el equipo de Moncloa deseaba que Díaz Ayuso se hubiese negado a aceptar la ayuda del Estado e incluso alguno llegó a proponer utilizar el factor sorpresa para provocar alguna reacción que perjudicase a la popular.

Pero la Puerta del Sol aceptó el envite y subió la apuesta, de manera que dio la vuelta a la situación, cubriéndose de barniz institucional. Al final, han quedado todos satisfechos porque, realmente todavía no son adversarios directos, aunque lo serán si Casado no despunta y, desde luego, no parece que vaya a hacerlo.

Lo malo que tienen estas alambicadas jugadas y puestas en escena es que los protagonistas se enfrascan en el corto plazo y terminan perdiendo la perspectiva.

Por ejemplo, el entendimiento para empezar una etapa de colaboración institucional entre el gobierno de España y el autonómico de Madrid ha dejado estupefactos a millones de ciudadanos porque lo que han interpretado en realidad es que, desde febrero que empieza la epidemia hasta septiembre, no ha habido colaboración ni ayuda mutua.

Llegar a esta conclusión después de que haya habido 108.000 contagios y 8.500 muertes es, como mínimo, indignante y lejos de aplaudir a quienes se han puesto el traje de estadista el lunes, dan ganas de quitarles el sillón.