La nueva era de Biden y Harris

El papel más importante de un inquilino de la Casa Blanca es defender con eficacia los intereses de los Estados Unidos

Evan VucciAP

Biden ha cumplido su sueño y ya es el presidente de los Estados Unidos tras cumplir el importante y espectacular trámite formal de jurar el cargo. Es católico, el segundo tras Kennedy; se trata de un producto característico de las élites dirigentes; cuenta con «solo» nueve millones de dólares, por lo que no se encuentra entre los ocupantes más ricos de la Casa Blanca, y es el que tiene la edad más avanzada. El abrupto final de su controvertido predecesor, que decidió no asistir a la ceremonia y despedirse de su sucesor, rompiendo una tradición que duraba siglo y medio, hace que despierte grandes expectativas. Esto siempre es malo, porque será difícil que las culmine con éxito, pero contará con el poderoso apoyo de los medios de comunicación, los intelectuales y empresarios que detestaban a Trump. Los 78 años de Biden hacen que su vicepresidenta, Kamala Harris, sea la figura más importante de la nueva administración y en mayor medida cualquier otra persona que haya ocupado el cargo. A esto hay que añadir su poderosa y atractiva personalidad que la convierten en la más que previsible candidata demócrata a la presidencia. No parece probable, aunque todo puede suceder, que Biden, que tendrá 82 años dentro de cuatro años, opte por un segundo mandato.

La política estadounidense está ahora llena de grandes interrogantes. El más significativo es el futuro de Trump, porque no es un hombre que se resigne a una derrota y se despidió de sus seguidores diciendo: «Tengan una gran vida, ¡nos veremos pronto!». Y no hay duda de que lo cumplirá. Es verdad que afronta un complicado frente judicial, pero sería un enorme error dar por concluido o amortizado el trumpismo. Es evidente que el Partido Republicano tiene un grave problema de liderazgo y el expresidente sigue siendo la figura más importante en ese convulso panorama de populismo que se ha instalado entre sus 73 millones de votantes. La izquierda europea, y también la acomplejada derecha, tienen muchas expectativas puestas en el tándem formado por Biden y Harris, pero el «América, primero» no era algo privativo de su antecesor, sino que es la esencia de la política exterior de la primera potencia mundial. Las grandes corporaciones mandan mucho y ahora en mayor medida, porque apoyarlas es algo que ha caracterizado siempre a los demócratas. El aspecto positivo es que todo será más amable y menos bronco, pero el papel más importante de un inquilino de la Casa Blanca es defender con eficacia los intereses de los Estados Unidos.