Salir, beber, el rollo de siempre...

Lo bueno del fin del Estado de Alarma es que nos han entrado una ganas irrefrenables de salir de nuestra Comunidad y visitar otra, no vaya a ser que no tengamos tiempo

Entiendo a los jóvenes: nunca sabes si un virus o un cohete va a llegar de China
Entiendo a los jóvenes: nunca sabes si un virus o un cohete va a llegar de ChinaLuis DíazLa Razón

En la revista Conde Nast Traveller pidieron a sus editores que contaran cuáles eran para ellos los mejores lugares del mundo. Salen nombres generales como Italia o India, más concretos como Oaxaca, Sardinia, islas griegas o típicos como Florencia. Lugares donde la historia ha dejado su huella o playas blancas en las que el tiempo pasa lentamente y sin cobertura. Pero también, en los primeros nombres del reportaje, nombran a Cádiz. «Sus calles estrechas, con pequeños bares y plazas escondidas, con hermosos restaurantes al aire libre», describe Pete Winterbotton, el director creativo de la revista.

A mí se me ha ido el fin de semana comparando qué se puede hacer y qué no en diferentes ciudades de España como si se me hubiera perdido algo en alguna o como si pudiese reunirme con más de diez personas en Cantabria, donde, a parte del señor Revilla, y porque sale en la tele, no conozco a nadie. Y Revilla, además, no me conoce a mí.

Pero lo bueno del fin del Estado de Alarma es que nos han entrado una ganas irrefrenables de salir de nuestra Comunidad y visitar otra, no vaya a ser que no tengamos tiempo. Nos pasamos la vida preguntándonos si somos españoles o qué es ser español, que si las autonomías, el federalismo y todo eso, pero nos cierran unos meses las fronteras provinciales y nos echamos de menos como antes (y dentro de unos días) nos echábamos de más.

Sucede lo mismo con los bares. A las doce de la noche del sábado al domingo vi con malestar y envidia las imágenes de los jóvenes en las calles. Los entiendo: nunca más vas a tener 20 años y sobre todo, nunca sabes qué puede venir de China, desde un virus a los trozos de un cohete, para arruinarte la vida. Cuando era joven lo que sucedía de domingo a jueves no tenía mucho sentido. Lo importante era el plan del viernes y el sábado. Cada vez parecía distinto: quedar donde siempre, con los de siempre, ir a donde siempre y tomar lo de siempre para acabar, más o menos, como siempre (algunos días mejor, otros días, pues ya sabes).

Ayer, un amigo mandó un whatsapp al grupo: que qué estábamos haciendo y por qué no íbamos donde estaba él. Yo seguía con mis comunidades y sus toques de queda así que le fui a preguntar si ya se había escapado a la playa, a una noche en un parador o en una casa rural con encanto o a un camping siquiera. O si, en fin, volvía de quemar los bares.

Pero antes de escribir, nos mandó otro mensaje nuevo con la localización de un bar al sur de Madrid, tan lejos de Cádiz

«He descubierto un buffet perfecto. Zona infantil. Barra libre de cerveza y Pepsi».

Ahí os quedáis, Conde Nast.