Iglesias, de Podemos a pudimos
No hay ninguna revolución política que no se haya convertido en un genocidio
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Este domingo publicábamos una entrevista muy interesante con Yanis Varoufakis, que fue ministro griego de Finanzas en el gobierno de izquierda radical de Alexis Tsipras, realizada por mi compañero Humberto Montero. Es verdad que fue un ministro muy breve, del 27 de enero a 6 de julio de 2015, pero era una de las figuras más relevantes de la nueva izquierda surgida a caballo de la crisis. Al igual que otras figuras de Syriza, como Tsipras, formaba parte de las familias ricas que habían dominado el país heleno desde su independencia, y como es habitual siempre dispuestos a salvar a los proletarios desde la comodidad de su elitista formación y riqueza personal. Varoufakis afirma que «Podemos es ya pudimos y acabará siendo irrelevante». Es difícil resumir mejor la realidad en que se encuentra la formación de Iglesias. Es lo que le sucede también al dimitido líder y efímero vicepresidente. En aquellos años, Tsipras y Varufakis eran las figuras icónicas esgrimidas por los podemitas como muestra de esa nueva izquierda populista, ya que habían conseguido llegar al gobierno, pero su agenda y compromisos acabaron en la papelera como ha sucedido con Iglesias. Ambas formaciones coinciden en la idea «podemos», pero también en la conclusión de «pudimos».

Al final, a pesar de estar en el gobierno y tener presencia en autonomías y municipios, Varoufakis afirma que Podemos camina a la irrelevancia. El exministro ofrece numerosos titulares y hace una brillante disección, se coincida o no, de la realidad política, social y económica europea. A diferencia de lo que sucede con algunos podemitas y similares, estamos ante un intelectual y catedrático de primer orden licenciado, master y doctor en Matemáticas y Ciencias Económicas por Essex y Birmingham. Nada que ver con lo que encontramos en muchos personajes surgidos del fracasado movimiento del 15-M, aunque lograran ser ministros, consejeros, diputados o concejales. Es un revolucionario, como dice, pero reconoce que las revoluciones se vuelven en regímenes criminales, porque «el poder corrompe y el fin no justifica todo». Es lo que ha sucedido, siempre, con el comunismo, el populismo, el caudillismo o el fundamentalismo. No hay ninguna revolución política que no se haya convertido en un genocidio así como en una catástrofe económica y humanitaria. Es lo que sucedió en Francia, Rusia, China, Venezuela o Cuba, por citar algunos ejemplos, que son procesos muy queridos por los líderes de Podemos. Y sus reflexiones sobre la UE son tan interesantes como bastante certeras.