Phileas Sánchez Fogg en las Américas

Es bueno no olvidar su indestructible tenacidad y logrará visitar la Casa Blanca

ETIENNE LAURENTEFE

Todos los presidentes del gobierno acaban teniendo una pauta común a mitad de su mandato y es la predilección por la política exterior. Hay un momento en que se cansan de la política española, el aburrido control en el Congreso, los problemas en sus partidos y los líos con el resto. La salida perfecta es recorrer mundo convertidos en un moderno Phileas Fogg, el protagonista de la famosa novela La vuelta al mundo en ochenta días, escrita por Julio Verne. La verdad es que no les sirve la frase «80 día para darle la vuelta al mundo alcanzan y sobran», porque hay muchos países que visitar. Es muy gratificante ser recibido con honores, reunirse con mandatarios extranjeros, comer y cenar con personalidades famosas y hacer entrevistas sin las incómodas preguntas sobre política nacional. Es difícil encontrar algo más grato que pasear por las calles sin la incomodidad de ser abucheado y siempre con el estatus presidencial que nada tiene que ver con ser un simple turista. Los países agasajan de forma exquisita a los dignatarios extranjeros y no hay que pasar esa tontería del control de pasaportes.

Es trasladarse del tedio madrileño, aunque sea una ciudad maravillosa, a montarse en el avión presidencial con un séquito de empresarios o lo que convenga y pasarse unos días de absoluta tranquilidad. Sánchez ha entrado hace un tiempo en esa etapa y tiene la ventaja, además, de hablar muy bien inglés. Ni siquiera necesita un intérprete, que ha sido una carencia de sus antecesores. En el momento en que se encuentra al margen de las confrontaciones ideológicas o partidistas, es un buen conversador, le resulta fácil ser simpático y afable y maneja muy bien la empatía. Es verdad que en este viaje no ha conseguido el ansiado encuentro con el presidente de Estados Unidos, pero es bueno no olvidar su indestructible tenacidad y estoy convencido de que no tardará en lograr la visita a la Casa Blanca. Es algo que entusiasma a todos los presidentes. Biden es demócrata y queda mejor que verse con Trump, aunque también le hubiera servido. La acertada elección de Albares como ministro en lugar de la catastrófica González Laya hace que tenga un mejor y más preparado compañero para estos años en los que se coronará como un auténtico Phileas Fogg.