Fortes: el Stalinillo de TVE

Mi único “delito” es cantar y contar la persecución que practica a los que no opinamos como él y su perpetua manipulación. Todo ello con dinero público.

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Me disgustan profundamente las personas que anteponen su fanatismo a esa verdad situada más allá de toda duda razonable. En lugar de adaptar su fanatismo a la realidad, amoldan la realidad al fanatismo. La izquierda actual, nada que ver con la de la Transición ni con el felipismo, ha optado por el revisionismo histórico en pos de imponer el pensamiento único. Para ellos, la verdad es lo de menos. Un zafio ejemplo de este modus operandi lo representa Xabier Fortes, el presentador de TVE que ha manejado históricamente el Consejo de Informativos con sectarismo tridimensional. Un sujeto a caballo del estalinismo y el fascismo conductual que se ha permitido el lujo de asegurar que no me considera «compañero de profesión», que me ha tildado de «ultraderecha» y que ha tachado mis críticas de «acoso», cuando el acoso de verdad es algo muy serio y no menos triste. Mi único delito es cantar y contar la persecución que practica a los que no opinamos como él y su perpetua manipulación. Todo ello con dinero público. La última no nos costó un euro porque se produjo en redes sociales y llegó a cuenta de las opiniones que vertí en La Sexta Noche sobre la Ley de Desmemoria Democrática de Sánchez. Opiniones basadas en mi compulsiva afición a la Historia y en lo que aprendí en esa Institución Libre de Enseñanza en la que me eduqué. El Stalinillo de TVE, también conocido por su otro alias, El Lechero, asegura que mentí «como un bellaco» al parafrasear una de las grandes frases de Payne: «La Guerra Civil fue una contienda de malos contra malos». Alguno de sus hooligans también me ha puesto a parir por hablar de «régimen republicano», dando a entender que «régimen» es sinónimo de tiranía. Como no están muy leídos, olvidan que la primera acepción de «régimen» que ofrece la Real Academia es inequívoca: «Sistema político por el que se rige una nación». Punto. Afortunadamente no soy como Fortes, ni física, ni ética, ni intelectualmente. Por eso lo primero que hice fue calificar a Franco de «genocida» y de «dictador», amén de catalogar el 18 de julio como «golpe de Estado». Las cosas son como son y no como apetezca a los unos, a los otros o a los de más allá. Sólo un sectario patológico puede negar esta primera apreciación. Y sólo un Fortes de la vida puede negar mi segunda aseveración: «El Frente Popular asesinó a decenas de miles de personas». Dije «Frente Popular», y dije bien, porque no podía calificar de «asesino» ni mucho menos a ese primer estadio de la República que fue el presidido por Alcalá-Zamora. También apunté que la izquierda robó las elecciones de febrero de 1936, una realidad probada por Álvarez Tardío y Villa en su libro Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular. Tampoco son una fantasía los 6.000 fusilados por Carrillo en Paracuellos, los miles de curas, monárquicos, jueces y católicos en general asesinados por el Frente Popular, los cientos de monjas violadas y/o apioladas, la muerte de Calvo-Sotelo a manos de La Motorizada de Prieto ni las 9.000 sentencias de muerte dictadas por Companys. Como tampoco constituye un embuste sostener que, como la Sanjurjada o el 18-J, la mal llamada Revolución de 1934 fue un brutal golpe de Estado con 2.000 fallecidos. Podréis vencer, Stalinillo, pero nunca convenceréis.