Energía eléctrica

Batalla eléctrica y complejo nuclear

«La energía nuclear puede servir de puente hasta el mañana de energías limpias»

Teresa Ribera, la vice tercera de Transición Ecológica, ya le ha explicado a Pedro Sánchez que la batalla eléctrica será larga y costosa y que, además, no está asegurado el éxito. Todo un contratiempo con el que el inquilino de la Moncloa no contaba y ante el que sus facultades, casi taumatúrgicas, de improvisación poco pueden hacer. La tragedia auténtica –no hay que olvidarlo porque pronto pasará al olvido y habrá masacres– es la de Afganistán, en donde las decisiones apresuradas empeoraron las cosas, pero en España el recibo de la luz le complica un día sí y otro también la vida al Gobierno. Vivimos una nueva crisis energética, como las del petróleo de los años setenta y ochenta del siglo pasado, que ha llegado para quedarse un largo periodo. La ministra Ribera, al margen de su fundamentalismo ecológico, también ha advertido de que el precio de la luz seguirá por las nubes hasta por lo menos mediados de 2022, si nada se tuerce en el camino. El Gobierno, que sabe que tiene entre las manos una patata muy caliente –alimentada por todo tipo de populismos–, poco puede hacer, salvo bajar, pero de verdad, los impuestos que gravan la energía eléctrica. Podría ser popular, pero también supondría abrir otro boquete en las cuentas públicas, que solo se podría cerrar con otros impuestos. La pescadilla que se muerde la cola.

La crisis eléctrica ha servido para que los socios del Gobierno, Unidas Podemos, propongan fórmulas de abaratamiento de la luz consistentes en arremeter contra las compañías eléctricas y, de rebote, contra la energía nuclear, que ahora sería una solución. España tiene en funcionamiento cinco centrales nucleares, mientras que en Francia hay 58. Los ecologistas y la mayoría de la izquierda no quieren oír hablar de energía nuclear. Sin embargo, empiezan a surgir voces que ponen en duda lo políticamente correcto. En Estados Unidos ya hablan de prorrogar la vida de las centrales hasta los 60 años. El mañana feliz y ecológico de las energías limpias llegará, pero tardará. Hasta entonces, la energía nuclear puede servir de puente, aunque para eso hay aparcar muchos complejos.