Francia liberal

Se dirá que el liberalismo entró en decadencia en Francia, lo que es cierto, pero eso no significa que haya desaparecido, y tampoco aísla a Francia del resto del mundo

Benoit TessierREUTERS

Hace un tiempo escuché al primer ministro francés, Jean Castex, anunciar que se prohibiría a los grandes supermercados vender productos no esenciales, que sí podrían vender las tiendas más pequeñas. «Es una cuestión de justicia», declaró el jefe del Gobierno.

Es una gansada, porque ese intervencionismo sube los precios y por lo tanto empobrece a millones de trabajadores. Claro, siempre podrán alegar las autoridades que se trata de «productos no esenciales». Pero eso tiene la doble dificultad de que es el poder y no la gente quien determina qué cosa es esencial y qué cosa no. Por ejemplo, en esta medida el Gobierno de París considera no esenciales tanto las flores como los libros. Estoy seguro de que hay personas en Francia que consideran que sí son esenciales. Lógicamente, lo que piensen y el grado en que sean empobrecidos por su acción constituyen circunstancias que dejan indiferente al Gobierno.

Se dirá: ¿dónde están los liberales franceses? Francia atesora una larga y brillante carrera dentro del pensamiento liberal, con nombres como Tocqueville, Constant, Say o Bastiat en el siglo XIX hasta Pascal Salin en el XXI, pasando por Raymond Aron o Bertrand de Jouvenel en el siglo XX, por citar solo algunos nombres distinguidos. Cuando hablamos de liberales a menudo exageramos el peso de los anglosajones, olvidando las importantes figuras que defendieron esas ideas en Europa, como es el caso de España. Y, por supuesto, de Francia.

Se dirá que el liberalismo entró en decadencia en Francia, lo que es cierto, pero eso no significa que haya desaparecido, y tampoco aísla a Francia del resto del mundo. En efecto, el antiliberalismo en todas sus variantes ha sido hegemónico en el planeta durante el último siglo. Ciertamente ha padecido contratiempos en décadas recientes, en particular por la Caída del Muro de Berlín y el cuestionamiento del Estado de bienestar, pero basta echar un vistazo a las cifras del gasto público y los impuestos para comprobar que lo que nos han contado sobre la victoria del neoliberalismo y el desmantelamiento de Estado es básicamente eso: un cuento.

El liberalismo a pesar de todo, sigue en pie, y dando la batalla contra los enemigos de la libertad. También en Francia, donde nació Stéphane Courtois, el editor del demoledor «El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión».