La polémica Laya, contra las cuerdas
La abogacía al servicio del Gobierno pidió el archivo de la investigación
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Hace unos meses se produjo un acontecimiento incomprensible. Fue la expresión de una incompetencia e ignorancia sobre las relaciones con Marruecos que llegó al extremo de provocar una grave crisis diplomática. La protagonista fue la inexperta Arancha González Laya, que sería cesada en la remodelación del Gobierno. Sánchez se equivocó al nombrarla y acertó al prescindir de ella y elegir en su lugar a un diplomático con una sólida formación y experiencia como José Manuel Albares. Ha sido la peor titular de ese departamento de las últimas décadas, porque era un cargo que le venía grande. No tendría que haber permitido la entrada con papeles falsos del polémico líder del Frente Polisario. Fue un despropósito y una agresión contra Marruecos, un país amigo y un aliado fundamental. Con ello provocó una grave crisis diplomática y un enfrentamiento que podría haber tenido consecuencias todavía más desastrosas para nuestro país. Es lógico que su ineptitud provocara que el presidente del Gobierno prescindiera de ella. Un aspecto que siempre me llamó la atención es la arrogancia y soberbia con que se manejaba la inexperta ministra. No había ni un atisbo de empatía.

He conocido a muchos ministros de Asuntos Exteriores y su caso me producía asombro, porque la ausencia de méritos para el cargo la intentaba superar con su imprudencia. España ha ganado mucho con su sustituto. No sé cuál será el resultado de la investigación emprendida por el magistrado titular del juzgado de instrucción número 7 de Zaragoza, pero cabe esperar que sepamos, finalmente, por qué Brahim Ghali entró con documentación falsa. Me temo, desgraciadamente, que no será así, aunque me gustaría equivocarme. Ahora le tocará acudir ante el juez como investigada por la supuesta comisión de un delito de prevaricación.

La abogacía al servicio del Gobierno, que no entiendo por qué siguen llamándola del Estado, pidió el archivo de la investigación. No le debe parecer relevante que las fronteras nacionales sean un cachondeo y un sujeto como Ghali pueda entrar con un pasaporte falso con la anuencia ministerial. El sentido común muestra que es un despropósito. La alternativa es que el servicio jurídico lo considere normal y por tanto lo que hay que hacer es extinguir los controles fronterizos. Cualquier delincuente tiene el derecho a pasar con documentación falsa.