El horror del comunismo

La raíz totalitaria de esta ideología es incompatible con un sistema de libertades públicas y derechos humanos

FOTO: MAXIM SHIPENKOV EFE

Los comunistas celebraron el pasado domingo el aniversario de la fundación del PCE en 1921. La realidad es que no hay nada que celebrar. Es grotesco observar la foto de un criminal como Lenin, al que consideran una de las grandes figuras de esta repugnante ideología. El fundador de la Unión Soviética tenía las manos llenas de sangre y no fue un intelectual que buscara lo mejor para el pueblo ruso. La Revolución de 1917 no trajo una democracia, sino una cruel y sanguinaria dictadura que finalizó con Gorbachov. La realidad objetiva e incontrovertible es que nunca ha salido nada bueno de un gobierno comunista. Lo mismo sucede con el fascismo. Estamos ante dos caras de una misma moneda, con la diferencia de que la segunda desapareció y la primera se siente muy orgullosa de su existencia. Tras la caída de la Rusia zarista y del breve gobierno provisional del príncipe Gueorgui Lvov y luego de Aleksandr Kerensky, comenzó uno de los períodos más oscuros de la historia de la Humanidad. No solo en la URSS, sino en todo el mundo porque el comunismo desestabilizaría las democracias y traería la corrupción, el genocidio, los asesinatos políticos y la instauración de regímenes dictatoriales.

Me resulta grotesco que España tenga un partido comunista y que forme parte, además, del Gobierno. Es tan esperpéntico como si hubiera uno nazi o fascista. El PCE no es una excepción dentro de ese panorama de horror que sufrió el mundo desde 1917. Hasta la derrota del ejército republicano en 1939, sus dirigentes perpetraron todo tipo de actuaciones criminales y su objetivo era instaurar una dictadura al estilo soviético. Muchos intentaron blanquearse con el eurocomunismo y aceptaron la llegada de la democracia porque no tenían otra opción. La raíz totalitaria de esta ideología es incompatible con un sistema de libertades públicas y derechos humanos. A pesar de ello, sigue siendo atractiva para algunas personas gracias a la propaganda de intelectuales y periodistas que son lo que se conoció como «compañeros de viaje», es decir, una colección de tontos útiles. Es un ave fénix capaz de reinventarse para sobrevivir, pero es bueno no olvidar lo que ha hecho a lo largo del tiempo y lo que hará si consigue controlar un gobierno.