Crónica de una inflación anunciada y el botón nuclear

La caja de Pandora inflacionista está abierta y no está claro ni quién ni cómo logrará cerrarla

Jesús Rivasés

José Luis Escrivá, ministro de la Seguridad Social, el día –ayer– que se anunció que la inflación subía hasta el 5,6%, ya sabía que la nómina de las pensiones iba a volver a dispararse. El gasto en pensiones en noviembre ha sido de 10.925 millones de euros y en diciembre, con paga extra incluida y revalorización, marcará otro récord. Escrivá, además, tendrá que preparar más dinero en enero para abonar lo que llaman «la paguilla», que no es mas que la diferencia entre el 0,9% de subida prevista por el Gobierno y el 2,5% que deberá aplicar por culpa del despendole de la inflación. Al final los pensionistas recuperarán un 5% de poder adquisitivo. Las cuentas son sencillas, pero no evidentes. Las revalorizaciones de pensiones se calculan tras la inflación de noviembre. En este caso ha sido el 5,6%, pero lo que se tiene en cuenta es la inflación media del periodo diciembre 2020-noviembre 2021, y esa media es el 2,5%. A partir de enero, con la indiciación a la inflación –desaconsejada por Bruselas y por la mayoría de expertos– , los cálculos se harán con el año natural, es decir, se tendrá en cuenta la media anual del IPC de enero a diciembre.

La inflación de noviembre, el 5,6%, es la más alta desde 1992 y ya ha llovido. La caja de Pandora inflacionista está abierta y, a pesar de los mensajes de calma de los Gobiernos y del BCE que preside Christine Lagarde, no está claro ni quién ni cómo logrará cerrarla. Los bancos centrales –el BCE sobre todo– se juegan su prestigio y su credibilidad en este episodio. Todo coincide con la aparición de la variante Ómicron del virus de la pandemia, más peligroso por las nuevas mutaciones. Las Bolsas sufrieron un batacazo más que notable el viernes con las primeras noticias, comparable para algunos con las caídas de los mercados entre el 8 y el 23 de marzo de 2020. Ayer, todo iba mejor, pero el temor ha regresado. Los optimistas esperan que sea una falsa alarma, mientras que los pesimistas –escrutan los datos de la inflación– ven el final de un ciclo corto expansivo, como dice Juan Ignacio Crespo. Los catastrofistas otean un horizonte de estanflación, estancamiento económico con inflación, el peor escenario. Otra vez, la patata caliente, ante el tancredismo de unos gobiernos, el adanismo de otros y el electoralismo de todos –el de Sánchez encaja en casi todo–, quedará en manos de los Banco Centrales, que mantienen el botón nuclear de la subida de tipos de interés para domeñar a la inflación, que empieza a desbocarse en toda Europa mientras Escrivá parchea las pensiones, aunque solo es un parche en medio de la crónica de una inflación anunciada.