Rebaño sin inmunidad

Jorge Fernández Díaz

Reconozco que ya me he perdido en el seguimiento de la evolución de la pandemia y que casi me rindo en el empeño de tratar de comprender lo que sucede. Desde que el 14 de marzo del pasado año se decretó el primer estado de alarma que durante catorce semanas nos mantuvo confinados —inconstitucionalmente, por cierto—, pasando por las homilías y sabatinas interminables de Sánchez con don Simón de amenizador diario hasta nuestros días, parece que la «nueva normalidad» anunciada es vivir instalados en una anormalidad permanente. Tras recobrar la deseada libertad nos las prometíamos muy felices con Sánchez animándonos a disfrutar del deseado veraneo, ayudando así además a reactivar la economía turística.

Llevamos año y medio sometidos a la cadencia de información continuada mañana, tarde y noche sobre el número de contagiados sintomáticos y asintomáticos –novedosa esta revelación la de contagiados sin síntomas– como una constante lluvia fina. Se nos anunció que la próxima vacuna haría realidad lo que se supone logran estas preparaciones, la inmunización frente al virus; y que cuando se consiguiera vacunar a un porcentaje elevado de la población, se obtendría la inmunidad «de rebaño»; o sea, el final de la pandemia.

Sin embargo y pese a vivir otros seis meses más con nuestros derechos y libertades fundamentales recortados violando la Constitución, somos uno de los países que lidera el ranking de vacunados en la UE y no gozamos todavía de la inmunidad en el rebaño ciudadano. Hemos ido pasando de una variante a otra hasta llegar a la sudafricana actual bautizada como «ómicron», y se anuncian otra vez posibles recortes a nuestros derechos, exigiendo pasaportes higiénicos e incluso obligando a vacunarse a los calificados como negacionistas. Mientras la UE se plantea medidas comunes a los 27 Estados para hacer frente al virus sudafricano, en España Sánchez aplica lo contrario, delegando en las CCAA las diferentes medidas a adoptar en sus respectivos territorios. Como estos a su vez delegan la aprobación de las disposiciones en sus tribunales de Justicia, estamos en una situación peculiar, con un Gobierno que no gobierna y con el poder judicial debiendo actuar de poder legislativo y de facto también ejecutivo.

Define con acierto la situación una de esas magistrales frases que bien pudiera atribuirse a Marx (Groucho): «Los no vacunados deben vacunarse para proteger a los vacunados, porque los vacunados no están protegidos con la vacuna que deben ponerse los no vacunados para proteger a los vacunados». Todo está muy claro, como vemos. En eso estamos, mientras el rebaño pace tranquilo en la granja orwelliana. Lo dicho al comienzo: me he perdido, y ya voy por la tercera dosis…