Jussie Smollett

Un tribunal condenó finalmente a Smollett por haber simulado tal crimen de odio

Juan Rallo

29 de enero del año 2019. Presidencia de Donald Trump. El conocido actor de éxito de la serie Empire, Jussie Smollett, sale de su casa a las dos de la madrugada para comprar algo de comida y, en ese momento, un par de supremacistas blancos que gritaban consignas pro-Trump comienzan a agredirlo entre insultos racistas (Smollett es negro) y homófobos (Smollett es homosexual); la agresión llega al punto de que le rocían con lejía y de que le atan una soga al cuello. Smollett ha de ser ingresado esa misma noche en el hospital y por supuesto denuncia los hechos a la policía. A las pocas horas, emerge un clamor político, especialmente desde el lado demócrata, solidarizándose con Smollett y culpando indirectamente a Trump de lo acaecido. Por ejemplo, la conocida congresista Alexandria Ocasio-Cortez reprendió a un medio de comunicación que había descrito el incidente como «ataque con tintes racistas y posiblemente homófobo» de la siguiente forma: «No existen los ataques con ‘tintes racistas’. El ataque no ha sido ‘posiblemente’ homófobo. Ha sido un ataque racista y homófobo. Si no te gusta lo que está ocurriendo en nuestro país, entonces actúa para cambiarlo. No es hora de blanquear o endulzar los crímenes de odio». Igualmente, la actual vicepresidenta de EEUU (en aquel momento todavía no era candidata), Kamala Harris, también constató que: «Jussie Smollett es una de las personas más bondadosas y amables que conozco. Rezo por su pronta recuperación. Éste ha sido un ejemplo de linchamiento moderno. Nadie debería temer por su vida según su color de piel o según su sexualidad. Hemos de enfrentarnos a todo este odio». Y, por último, el actual presidente de EEUU, Joe Biden, publicó en Twitter lo siguiente: «Lo que le ha ocurrido hoy a Jussie Smollett no debe repetirse nunca más. Debemos alzarnos para exigir que se deje de amparar al odio: la homofobia y el racismo no han de tener ningún espacio ni en las calles ni en nuestros corazones. Estamos contigo, Jussie». A día de hoy, la mayor parte de esos tuits (y otros de tono similar) han sido borrados. Y no porque sus autores se hayan vuelto súbitamente racistas y homófobos, sino porque los hechos arriba relatados jamás sucedieron: fueron parte de un guion escrito por el propio Smollett para simular un ataque y victimizarse ante la opinión pública. No en vano, apenas un mes después del «incidente», la policía arrestó al propio Smollett ante las evidencias de que los presuntos agresores no habían sido dos supremacistas blancos, sino dos hermanos nigerianos que habían actuado como extras en la serie Empire y a quienes Smollett había contratado por 3.500 dólares. Y el pasado viernes, un tribunal condenó finalmente a Smollett por haber simulado tal crimen de odio. ¿Cómo pudo un actor de éxito haber recurrido a tan sucia estratagema que ha terminado arruinando su carrera? Pues porque quería más fama y más remuneración dentro de una industria donde, al parecer, resulta más meritorio formar parte de una minoría victimizada que ser un buen actor. Sea como fuere, nada de esto debería llevarnos a negar la existencia de ataques con motivos racistas u homófobos, sino a ser conscientes de que cierta legislación garantista puede ser abusada por personas sin escrúpulos con tal de adquirir fama o de promover la condena de sus enemigos. Principios como el «hermana, yo sí te creo» son una absoluta aberración jurídica que le otorgan todo el poder procedimental a esas personas sin escrúpulos. Presunción de inocencia e independencia judicial.