Bye Bye covid

El esfuerzo realizado por el sistema sanitario y la industria farmacéutica está dando sus frutos

Francisco Marhuenda

He empezado 2022 haciéndome una prueba sobre la covid para ver cómo iba el marcador de nuestra relación. No es que meterse un palito por la nariz sea el mejor inicio del año, pero el resultado ha sido tan perfecto que no tengo ninguna queja. He dado negativo. Como soy una persona positiva e incluso optimista, me ha encantado y he quedado liberado del absurdo confinamiento al que me han sometido caprichosamente las autoridades teniendo en cuenta que ni sabía que lo tenía. Ni siquiera he tenido fiebre y me he encontrado perfecto. ¿Cuál hubiera sido mi comportamiento sin la reacción de histeria política que sufrimos? Pues mantener las distancias, trabajar desde casa, pasear tranquilamente mis perros, hacer la compra y no abandonar mis queridas mascarillas. Los funcionarios de la medicina no me consideran capacitado para tomar estas decisiones y me incluyeron entre los centenares de miles de españoles que se encuentran bajo la sospecha de ser agentes contaminantes voluntarios y que consiguientemente deben sufrir el castigo de un confinamiento propio de una mentalidad medieval. He de reconocer que hay gente rara, pero entre mis conocidos no hay nadie que me haga sospechar que le guste contaminar a conocidos y desconocidos.

Es cierto que en las películas o series de televisión aparecen sujetos, en unos casos locos y en otros terroristas, que se convierten en «bombas» víricas, pero la realidad es que la gente se queda en casa cuando se encuentra mal. No hay más que ver las bajas médicas que existían antes de la llegada de la pandemia. La covid ha conseguido crear un estado de pavor colectivo como nunca había existido hasta ahora. Es evidente que la situación previa a la llegada de la vacuna fue muy grave y que podría haber sido una enorme catástrofe sino se hubieran tomado medidas drásticas, aunque jurídicamente mal diseñadas. Por ello, no entiendo ese absurdo movimiento de los antivacunas o los enloquecidos que promueven teorías disparatadas, cuando la enfermedad ha sido y es una trágica realidad para muchas personas. Los datos de mortandad, las hospitalizaciones y los síntomas persistentes en algunos casos son la mejor respuesta a las mentiras sobre la covid.

El librarme del bicho me ha causado una gran satisfacción, pero es aún mayor porque está siendo en general muy leve. La pandemia ha causado una enorme devastación en todos los terrenos y queremos pasar página. No soy médico, por lo que no tengo ni idea sobre si se puede producir una séptima ola, pero una vez más soy un optimista informado por lo que estamos viendo y las noticias que se publican. El esfuerzo realizado por el sistema sanitario y la industria farmacéutica está dando sus frutos. Tenemos una sobresaturación de información de la enfermedad y los medios de comunicación estamos para servir a la opinión pública. El interés que despierta el tema es perfectamente mensurable tanto en la edición papel como digital e intentamos hacer el mejor periodismo posible y creo, sinceramente, que lo estamos consiguiendo. Es encontrar el equilibrio para no causar una alarma mayor de la que existe.

Está claro que tendremos que convivir con la covid como lo hacemos con la gripe y otras enfermedades para las que contamos con medicamentos, además de las vacunas, para hacerles frente. El cambio evidente ha sido, precisamente, que se haya podido emprender una campaña de inmunización masiva, aunque estemos en la tercera dosis y cabe suponer que en el futuro será algo habitual. Otro efecto de la pandemia es el psicológico y espero, como sucede con las cosas negativas, se vaya diluyendo con el paso del tiempo. Las pérdidas humanas quedarán en el recuerdo.

El coste económico ha sido impresionante y tendremos que pagarlo, porque la crisis no ha sido mayor gracias al esfuerzo conjunto de la Unión Europea. Es algo que permite dar una respuesta muy clara a los euroescépticos, que en España son irrelevantes pero que en algunos países representan un porcentaje importante. Europa unida es fuerte mientras que desunida es muy débil. No hay más que ver el inmenso error del Brexit. Nuestra economía sigue teniendo problemas estructurales muy graves y profundos que pueden ser mayores por culpa de la inflación. El Banco Central Europeo ha impedido que suframos una crisis de deuda soberana, como sucedió cuando vivíamos pendientes de la prima de riesgo, pero el fuerte endeudamiento deberá ser afrontado más pronto que tarde. En este caso es malo caer en el optimismo y creer que podremos seguir unos años más sin tomar medidas de control del gasto público, porque únicamente con el crecimiento económico, incluso con las previsiones más irracionalmente optimistas, no se podrá asumir el coste del tipo de interés que nos exigirá su colocación en el mercado si antes no hemos hecho los deberes.

El escenario de crispación política, con la falta de entendimiento entre el PSOE y el PP, es un grave problema, porque parece que entramos en un ciclo electoral permanente que comienza en Castilla y León sigue en Andalucía y concluye el próximo año, aunque las generales podrían ser en 2024. Las dificultades en el seno de la coalición de gobierno agravadas con la necesidad de Yolanda Díaz y Podemos, que ya no son lo mismo, de marcar territorio lo complicarán todo mucho. A esto hay que añadir la siempre inestable situación en Cataluña, con la confrontación entre ERC y JxCat, socios de gobierno, y sus reivindicaciones independentistas con la mesa de diálogo que tan incómoda resulta para Sánchez. Los socios parlamentarios le producen un desgaste que beneficia al PP, que tiene a Vox apretando para consolidar su fuerza e incluso intentar incrementarla. Comenzamos un año apasionante.