Dos años de pandemia sin explicaciones

China debería dar explicaciones. Pero no dará ninguna y no se podrá hacer nada al respecto, porque a una superpotencia tecnológica y militar no se le puede levantar mucho la voz

FOTO: THOMAS PETER REUTERS

En estos días de hace dos años, empezaban a llegar a las redacciones de todos los medios de comunicación furtivas noticias sobre un nuevo virus respiratorio que se había detectado en China. Dado que Asia está lejos, y que no era la primera vez que aparecía allí un virus respiratorio (ya hubo, entre otros, un SARS-CoV-1 a principios de siglo) se dedicaba a estas informaciones un espacio limitado y se contaba como una de esas cosas curiosas que pasan en otros sitios. Semanas después, el virus arrasaba el norte de Italia. Y, desde allí, se extendió por toda Europa y el resto del mundo, con las consecuencias que conocemos.

La calamidad sanitaria ha provocado una calamidad económica. Y la suma de ambas ha sumido al planeta en una desgracia que ha costado millones de vidas, ha provocado que decenas de millones de personas sufran enfermedad grave, que haya cientos de millones de enfermos leves y miles de millones de seres humanos asustados y más pobres, porque se ha paralizado la actividad, y los efectos están lejos de superarse. Y la pregunta es si alguien va a dar alguna explicación sobre el origen de este desastre.

Ningún país está libre de convertirse en la cuna de un problema de salud como este. Pero sí es exigible que ese país afectado se vuelque en averiguar qué pasó y facilite el trabajo de las autoridades sanitarias internacionales. Porque el covid-19 ya no tiene remedio, pero su estudio detallado ayudaría a que algo así no se repita o, si se repite, su conocimiento profundo permita a la comunidad científica ponerle freno antes de que provoque males mayores.

China debería dar explicaciones. Pero no dará ninguna y no se podrá hacer nada al respecto, porque a una superpotencia tecnológica y militar no se le puede levantar mucho la voz. Si el gobierno comunista chino decide que no se habla de algo, sabe establecer las medidas necesarias para imponer su criterio. Seguiremos sin saber qué pasó exactamente para que un coronavirus destructivo apareciera en Wuhan, donde, precisamente, hay un laboratorio que realiza estudios de virología, microbiología aplicada y biotecnología. Tal cual.