Vacas locas con el personal

Jorge Fernández Díaz

A cada minuto que pasa está dando días de gloria para el sanchismo el esperpéntico espectáculo que ofrecen el presidente del Gobierno y el todavía ministro de Consumo Alberto Garzón (el nombre propio de este último es conveniente concretarlo para no confundirlo con Baltasar, no el Rey Mago sino el magistrado).

Por si fueran poco las declaraciones de varias ministras días atrás desmarcando al Gobierno de las afirmaciones de Garzón, alegando que fueron «a título particular», le han seguido las del propio interesado ratificando que las hizo como ministro del ramo. A continuación le siguió su jefa política en el Gobierno, Yolanda Díaz, después Pedro Sánchez y hasta el mismísimo Pablo Iglesias, y ahora ha salido a la palestra el titular de Agricultura, Pesca y Alimentación declarando que, siendo él competente en la materia de Alimentación –la que Garzón decía que «contamina»– «antes de haber hablado, podía haberle consultado».

Esto más que el Gobierno de la Nación parece una asamblea estudiantil de progres en las postrimerías del franquismo –con perdón de los estudiantes– echándose públicamente los trastos a la cabeza a cuenta del animalismo, el medio ambiente, el cambio climático y el feminismo animal. Recordarán el caso de las «vacas locas» de las que el experto Badiola nos formó con acierto y competencia tiempo atrás. Lo que sucede ahora nos retrotrae a aquellos sucesos, aunque parece que en este momento las vacas no son las locas, sino que lo es el personal. Se me ocurre que quizás Sánchez, ante su manifiesta incapacidad de poner orden en el desenfrenado grupo ministerial, podría nombrar al competente veterinario e investigador de patología animal Juanjo Badiola para dar criterios, pidiéndole que me disculpe por proponerle para tan elevada responsabilidad sin tener su consentimiento previo.

En todo caso, cualquier cosa antes que seguir asistiendo atónitos a una situación que, si no fuera por lo lamentable que resulta a ojos propios y ajenos, sería para reír. Sin duda Louis de Funès nos deleitaría con una película magnífica con este guion como argumento. No tengo duda de que Sánchez tendría reservado el papel estelar del gendarme Funès intentado amenazante poner orden con el pito y la porra ante la chiquillería excitada y gritona.

No creo que ante tal brillante gestión ninguna gran corporación multinacional contratara a este Gobierno para formar parte de su Consejo de Administración. El caso es que España es muchísimo más importante que una empresa de esas características. Por ella y por su misión en la Historia han entregado la vida millones de compatriotas. Y no se merece esto.