Aguantando marea

Roberta Metsola
Roberta Metsola FOTO: POOL REUTERS

“Que hablen de uno, aunque sea bien” era la máxima de Camilo José, porque lo común es que te pongan verde, hagas lo que hagas y digas lo que digas. Te acostumbras al insulto, a la calumnia y a la abyección de la gente. Te asomas a las redes sociales y has de quedarte impasible ante lo que lees, pero para eso hace falta tener callo, algo que tenemos que aprender lo más pronto posible para seguir adelante y creciendo. Allá por 1946 salía la cuarta edición de “La familia de Pascual Duarte” y la dedicatoria fue definitiva “a mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera”. Creo que es suficientemente expresiva como para añadir algo más, porque los parabienes no traen más que engreimiento y vanidad, aunque si he de ser sincera los agravios y las ofensas también nos hacen sentir importantes. Eso lo va a experimentar en su propia piel la nueva presidenta de la Eurocámara, una tal Roberta Metsola, por conservadora y antiabortista, un pecado imperdonable en los días que estamos viviendo. También porque es mona y va arregladita, o sea, lo contrario que Irene Montero, la de “solas y borrachas”. Eso añade un plus de odio entre la chusma, pero dejémoslo ahí y vayamos a la actualidad con otra mujer, Ingrid Betancourt. Quizá no les suene mucho, pero es una activista colombiana que estuvo secuestrada durante seis años por las Farc y ahora es candidata a la presidencia de su país. Su partido, Centro Esperanza, aspira a luchar tanto contra el uribismo como contra el izquierdismo. Para Colombia es un mito y, en mi modesta opinión y después de trabajar como corresponsal de la RCN durante quince años para aquel país, creo que tiene posibilidades. El 13 de marzo tendremos la respuesta.

Aquí no dimite ni el gato, o sea, ni Colau ni Boris Johnson. A este último un diputado conservador le pidió “en nombre de Dios” que se vaya, por el cutre-botellón que organizó en el 10 de Downing Street con sesenta y siete millones de británicos confinados, pero para mí la razón mayor de su dimisión debiera ser la ruindad de la convocatoria. Esto que digo es en clave de humor naturalmente, pero estarán de acuerdo conmigo en que no hay nada peor que lo mezquino, como también es miserable la razón por la que la alcaldesa de Barcelona tendría que irse. Y esto va en serio. Ese tráfico de influencias, esas subvenciones a amigotes repugna y agravia a quienes realmente las necesitan.

Luego está lo de la reforma laboral, que mantiene en un ¡ay! al gobierno. Rufián dice que es un proyecto personal de Yolanda Díaz, y que su partido no lo apoya. Los vascos dicen que su voto gratis, no. Ni siquiera posiciones ambiguas, como la abstención. Y todo así. Una legislatura mantenida a base de chantajes. Donde no cabe ambigüedad es en el tema Urdangarín, que nos tiene bastante asqueados, sobre todo por la Infanta, pero soy de la opinión de que las vidas ajenas hay que respetarlas, y lo que pasa dentro de un matrimonio solo interesa a sus integrantes y a su descendencia. Por cierto, ¡qué bien Pablo, uno de los hijos, que respondió a la prensa con serenidad y sin echar los pies por alto! Se ve que está bien educado.

CODA. Ha muerto el hombre más longevo del mundo. Saturnino, un leonés de 113 años, que, según sus palabras, tuvo una vida tranquila intentando no hacer daño a nadie. Ese fue el secreto de su prolongada existencia. ¡Qué pocos pueden decir lo mismo!