España y las guerras

La fragata 'Blas de Lezo' zarpa desde Ferrol para integrarse en la agrupación permanente número 2 de la OTAN en el Mar Negro
La fragata 'Blas de Lezo' zarpa desde Ferrol para integrarse en la agrupación permanente número 2 de la OTAN en el Mar Negro FOTO: José Díaz Europa Press

El conflicto de Rusia con Ucrania no es nuevo. Putin lleva casi diez años maniobrando para impedir que Ucrania se sitúe en la órbita de los países de la Unión Europea.

En el año 2014, y después de movilizaciones ciudadanas con enfrentamientos entre prorrusos y partidarios de la unión de Ucrania, terminó por anularse el acuerdo de asociación con la UE, el saldo fue de más de un centenar de manifestantes muertos a manos de las fuerzas de seguridad.

Rusia ha estado en todo momento bien detrás de los movimientos, alimentando las presiones de los territorios independentistas, bien interviniendo directamente, como en el caso de la anexión de Crimea en marzo de 2014.

La tensión ha ido creciendo entre intentos de diálogo y negociación que han fracasado uno tras otro. El último fue hace un par de años, cuando el presidente ucraniano y Putin acordaron retomar el proceso de paz pero, desde noviembre del año pasado, las cosas han empeorado bastante.

La escalada de los últimos meses del gobierno ucraniano acercándose a la UE ha hecho estallar al controvertido líder ruso que, según los estadounidenses, está decidido pasar a la acción.

Nadie sabe en este momento si las aguas volverán a su cauce, si habrá una guerra relámpago o si se producirá un enfrentamiento militar en el que intervendrá la comunidad internacional y se prolongará en el tiempo.

En todo caso, Biden parece estar preparado para la ofensiva. A todo presidente norteamericano una guerra le hace subir algunos puntos ante la opinión pública y, en este momento, el líder americano necesita más que nunca recuperar la popularidad perdida durante el primer año al frente de la Casa Blanca sin ningún avance en las cuestiones sociales que cimentaron su victoria electoral.

Sin embargo, España es diferente. El mejor ejemplo es el coste político que tuvo para Aznar y para el PP la guerra de Irak.

Pedro Sánchez se ha subido rápidamente al carro de EEUU y la OTAN. Desde Moncloa se apresuran a subrayar que la disposición a actuar militarmente de España tiene como consecuencia mayor implicación de Biden en las tensiones hispanomarroquíes.

De momento, en su intento de ganar adhesiones internacionales, Sánchez ha perdido el apoyo de sus socios de gobierno y algunos otros aliados. Podemos está por marcar diferencias con el PSOE de cara a las próximas elecciones. Necesita mantener algunas señas de identidad y evitar ser absorbido por la dinámica y las decisiones del socio mayoritario en el ejecutivo.

Probablemente Sánchez crea haber visto una oportunidad para no volver a ser ignorado en un pasillo por el líder estadounidense. También es cierto que no va a encontrar oposición por la derecha en esa línea de intervención, pero el espacio que deja por la izquierda va a ser aprovechado por Podemos.

Con la convocatoria de elecciones casi segura en Andalucía para principios de verano, las cosas se complican mucho más para Sánchez. En seis meses sabremos si el socialista ha gastado toda su suerte o todavía conserva algo.