Ocho pecados capitales

Un Gobierno de efecto Midas, capaz de convertir en crisis todo lo que toca

Enrique López

El volantazo que ha protagonizado el Gobierno con la posición española en relación al Sáhara Occidental resume los peores vicios del sanchismo. Para empezar (1) la deslealtad con el principal partido de la oposición, al que se debió informar de manera previa, y con el que era obligado consensuar una política de Estado que ha sido sostenida por gobiernos de distinto signo durante varias décadas. Por supuesto (2) la incoherencia, ya que se contradice el propio programa electoral del PSOE y se refuerza la sensación de que las fuerzas que conforman la coalición de Gobierno solo comparten intereses relacionados con el poder y la extensión de dogmas de la izquierda, pero que discrepan abiertamente en cuestiones mollares como la forma de Estado o la política exterior. También (3) la falta de transparencia y la omisión de algo tan democrático como la rendición de cuentas, ocultando primero la carta remitida al Rey de Marruecos, que es el documento que marca el repentino giro, filtrándola después al medio que mejor podía tratarla, y eludiendo todo el tiempo las auténticas explicaciones parlamentarias en un formato adecuado para el Presidente del Gobierno, que ha preferido protagonizar un roadshow por ciudades europeas para pactar un nuevo modelo energético, asunto en el que no ha cosechado grandes éxitos ( mas allá de la isla energética cuyas características se desconocen) y, en un claro intento de descontextualización, visitar las ciudades de Ceuta y Melilla, cuya indiscutible españolidad y garantizada integridad territorial sólo él ha puesto en duda. Evidentemente, (4) la cesión, esa estrategia de rendición preventiva que tanto gusta a Sánchez, ya probada en relación a Cataluña o los presos de ETA, para resolver de una tacada todos los problemas con el Gobierno de Marruecos, cambiando de un plumazo una posición internacional en la que España tiene un papel histórico y relevante. Asimismo, (5) el fracaso, porque si bien parece que las relaciones con Marruecos parecen en vías de formalización, Argelia, que ha recibido un significativo apoyo de una potencia como China, ha hablado de «doble traición» y ha llamado a consultas a su embajador, y hasta el líder saharaui Brahim Gali, por cuya sanación en un hospital español hay una ex ministra de Sánchez imputada, hecho que está en el origen de la crisis con Marruecos, ha calificado el cambio de posición de «vergonzoso». Para colmo de males, la ansiada foto con Biden sigue sin producirse. Cómo no, (6) la inoportunidad, causa seguramente de (7) la imprevisión, otra constante, porque el cambio ha tenido lugar en un momento de extrema dependencia del gas que suministra Argelia a España, debilitando la posición de nuestro país para liderar una extensión a Europa de la conexión vigente. Por último, (8) el personalismo con el que se gestionan los asuntos trascendentes que afectan al futuro de los españoles, como demuestra la forma en que se elaboró la carta remitida al Rey de Marruecos, que algunos imputan directamente al puño y a la letra del propio presidente del Gobierno, porque está llena de erratas y errores gramaticales, que otros achacan a que podría haber sido traducida directamente del francés, lo que implicaría su elaboración al dictado de terceros. Una carta de la que, sea como sea, se ha desmarcado hasta el ministro Albares, y que ha sido tildada en medios diplomáticos de «lloriqueante» e «insólita». Son los ocho pecados capitales que conforman el paradigma de un Gobierno de efecto Midas, capaz de convertir en crisis todo lo que toca y de transformar cualquier solución en un gran problema. La cuenta atrás de este oscuro momento de España ha comenzado.