Entre los traumas, el caradurismo y la ridiculez

“Me refiero, entre otras cosas, a la obsesión que exhibe la parte clown del Consejo de Ministros por el tema del sexo”

FOTO: Salas EFE

Un Gobierno puede ser cualquier cosa menos poco serio. Esencialmente, porque la cúspide de la pirámide de una nación es la primera que tiene que dar ejemplo a los ciudadanos. El gran Tarradellas repetía dos frases que vienen al pelo para describir al Ejecutivo socialcomunista de Sánchez. Una de ellas es sencillamente genial, además de constituir una verdad como la copa de un pino: «En política se puede hacer de todo menos el ridículo». La otra tampoco es moco de pavo y se ajusta como anillo al dedo a la conducta de Irene Montero y demás ralea podemita: «Uno no tiene que irse nunca de los cargos, lo han de echar». Me apropio por un rato de la primera para describir la trayectoria de un Consejo de Ministros en el que hay muchísimo más espacio del debido y del humanamente comprensible para la ridiculez. Me refiero, entre otras cosas, a la obsesión que exhibe la parte clown del Consejo de Ministros por el tema del sexo, creo que no tanto por normalizar una de las actividades más maravillosas y libérrimas del mundo en cualquiera de sus orientaciones como por enredar la madeja para vivir del cuento un rato largo o por algún complejo insuperable. Lo suscribe alguien que se educó en la maravillosa Institución Libre de Enseñanza y al cual le impartían clases de sexualidad con 10 años en el ecuador de los 70 y los 80. El Gobierno en general y el Ministerio de Igualdad en particular se gastan cientos de millones del contribuyente no en avanzar en que hombres y mujeres gocen de las mismas oportunidades en todos los órdenes de la vida o en educación sexual a la escandinava sino en chiringuitos de amiguetes que alumbran estudios sobre toda suerte de paridas habidas y por haber. Al respecto cabe recordar que Irene Montero desembolsó 53.542 euros por dos charlas sobre «el machismo en los algoritmos». Usted, querido lector, pensará que es una broma. Pues no. Resulta tan cierto como que yo me llamo Inda, esto es LA RAZÓN y hoy es 2 de abril de 2022. En un país serio, un acto así acarrearía al protagonista una más que segura condena por prevaricación y otra por malversación de caudales públicos. Por cierto: el precio de las charlas es brutalmente superior al que cobran megaestrellas del mundo de las conferencias en España. Esta semana hemos leído en Okdiario otra memez nivel dios que tiene el marchamo de Interior. El Ministerio que todavía dirige Marlaska ha elaborado un test para los funcionarios de prisiones que, entre otras sandeces, lanza la siguiente pregunta: «¿Los intersexuales son hermafroditas?». Uno pensaba que a los trabajadores de las cárceles se les instruía para que los reclusos no se escapen y para hacerles vivible la terrible experiencia que supone la privación de libertad. Otra chorrada cum laude la escupió la podemita Beatriz Gimeno. La ex directora del Instituto de la Mujer reclamó la «penetración anal de los hombres para avanzar en igualdad». Sencillamente grandioso. Jamás pensé que la sodomización sirviera para que una mujer y un hombre perciban el mismo sueldo cuando ocupan idéntico puesto o para que la conciliación trabajo-maternidad sea una realidad y no una tortura. Cada día se superan a sí mismos: el ala podemita del Gobierno socialcomunista exigió hará cosa de un mes un «permiso remunerado menstrual para hombres trans y personas no binarias». Definitivamente, esta gente sufre algún tipo de trauma con la sexualidad. Lo que sí que no les genera ningún trauma es hacer tanto el imbécil ni trincar pasta pública tan descaradamente.