China como peligro

Para Estados Unidos, la manera de evitar una guerra, probablemente la única, es mantener una costosa pero visible superioridad

L a visita de la Sra Pelosi a Taiwán fue un mero pretexto, puramente provocativo. Cierto, es formalmente la jefa del partido demócrata, presidenta de la Cámara de Representantes y como tal tercera en la línea sucesoria a un Presidente que fallezca o quede inhabilitado. Desde el momento en que Pekín le dio un ultimátum, no tenía más remedio que seguir adelante. Xi buscaba crear una crisis, enseñando los dientes. ¿Por qué en este momento? Todo intento de penetrar las opacidades del comunismo chino es siempre especulativo. Seguro que cuenta mucho la proximidad del 20 Congreso del partido que dócilmente aceptará la petición de su Secretario General de cambiar las reglas para poder disfrutar de un tercer mandato a la cabeza del estado. Como en el caso de Putin, ya vendrán, si llegan, la cuarta y la quinta ocasión. También cuenta la oportunidad que ofrece la guerra de Ucrania, que polariza buena pare de las energías exteriores de los Estados Unidos. Lo que China ha hecho es un ensayo general, altamente realista, de lo que sería un bloqueo completo de la isla, concentrando sus principales acciones en los puertos más importantes de toda su costa. Sería un ataque por estrangulación. No se puede descartar que esa sea su estrategia cara al futuro, aislándola del mundo, cerrando el estrecho de Taiwán y cortando las comunicaciones con sus importantes vecinos, Corea del Sur y Japón, a los que dañaría grandemente.

Hay que tener en cuenta que a lo largo de la costa china discurre más de un tercio del comercio mundial. Cerraría, como ha hecho durante seis días, la navegación por su tramo Norte. En el más largo, que corresponde al mar de la China Meridional, Pekín viene, desde hace años, desarrollando un espectacular dispositivo de control, en arrecifes, rocas y bajíos que sólo quedan al descubierto en marea baja, en el medio del mar, sobre los que reivindica soberanía, a muchos kilómetros de sus costas, convirtiéndolos en islas artificiales en las que construye bases aéreas y navales que, de momento, protegen el hostigamiento a las actividades pesqueras, no digamos militares, de los países ribereños y afianzan los pretendidos derechos a todo lo que yace bajo los fondos marinos, incluidas riquezas petroleras.

Más allá de la posible estrategia de bloqueo, la acción preferida respecto a Taiwán, si se considerase posible, sería una fulminante invasión. Una operación anfibia de esa inmensa envergadura requiere enormes medios de personal y equipo y una vez llevada a cabo se encontraría con las grandes dificultades que le opondría la estrategia de erizo desarrollada por el país isleño, favorecida por la muy accidentada orografía, las zonas de selva tropical y el gran desarrollo urbano. No impediría el dominio del invasor, pero la estrategia trata de ser disuasoria a base de hacerlo muy costoso. También supondría un gran sacrificio para los defensores, lo que plantea la importante cuestión de la voluntad de lucha. ¿Podrían los taiwaneses emular el numantinismo con el que nos han sorprendido los ucranianos? Para empezar ¿han desarrollado una identidad separada como la de los ucranianos respecto a los rusos? Hoy día, muy probablemente sí, sin que pueda saberse hasta dónde llegarían en su resistencia. En la época del hundimiento de la Unión Soviética, la diferenciación no era tan clara. Con la involución de Xi Jinping y sus procedimientos y al revelarse en Hong Kong la inmensa falacia de «un país, dos sistemas», ahora una gran mayoría responde en las encuestas que no quiere tener nada que ver con la China continental, a pesar de ser su principal cliente.

La prioridad exterior de Pekín respecto a Taiwán forma parte de un gran designio estratégico: Como objetivo expreso y a no muy largo plazo, controlar todo el Pacífico occidental y desplazar de él a los Estados Unidos. Hay todavía un más allá. Xi no se recata en decir que China aspira y tiene derecho a algo así como una primacía mundial con su consiguiente influencia en todo el planeta. En realidad pretende, y lo dice, ocupar la posición de los Estados Unidos, imperialista para los enemigos de la democracia liberal, hegemónica para otros o como quiera que se designe. Para Putin la gran catástrofe geopolítica del siglo XX fue el hundimiento de la Unión Soviética. Nada de guerras mundiales. La pretensión del líder chino sí que sería una gran catástrofe. Para llevarla a cabo, China, desde hace 20 años, aumenta cada año el presupuesto militar en proporción superior al de su crecimiento económico. Algunos cálculos le atribuyen ya la paridad en gasto con los Estados Unidos. En sector tras sector, se acerca cada vez más a los niveles americanos. En alguno puede que ya los supere. Por ejemplo, en el número de barcos de su marina, concentrados en sus costas mientras que los americanos están dispersos por el mundo. Para USA, la manera de evitar una guerra, probablemente la única, es mantener una costosa pero visible superioridad.