Los «ahorros» de Teresa Ribera

«Nadie se puede tomar en serio unos datos estadísticos sacados de contexto»

FOTO: David Arquimbau Sintes EFE

No hay duda de que Teresa Ribera merece recibir el premio Nobel de Economía. Con su idea de la «excepción ibérica» para topar el gas, ha conseguido que hayamos ahorrado hasta el momento 1.383 millones de euros, que son 22 millones diarios, y en lo que hace referencia a la primera semana de restricciones ha logrado una reducción del 3,7 por ciento. Es evidente que Sánchez tenía un diamante en bruto sentado en el Consejo de Ministros. La vicepresidenta tercera conseguirá entrar en el panteón de los grandes economistas por unos méritos que desconocíamos hasta que ha aplicado sus medidas revolucionarias. Mi única queja es que Sánchez no sea generoso con nuestros socios europeos, porque hay que exportar el talento y merecen que les ayude a poner punto final a la crisis energética. Es la constatación de que no es necesario ser experta en una materia para gestionar con éxito un ministerio. Lo que fue una crítica al presidente del Gobierno al comprobarse la vacuidad de algunos currículums se ha convertido ahora en su mayor mérito. No es necesario ser catedrático o investigador del CSIC para ser la ministra del ramo. Es mejor, incluso, no tener idea de la materia.

Lo mismo sucede en Educación o Energía, por citar algunos ejemplos, aunque la palma se la lleva el sector podemita que es de aurora boreal. Ribera sería una gran economista, porque es una malabarista de las cifras. No importa la verdad, sino la propaganda. Es lo que hizo en su comparecencia. Nadie se puede tomar en serio unos datos estadísticos sacados de contexto. La realidad es que todos los indicadores confirman un escenario muy inquietante a la vuelta del verano. La crisis implicará, como es evidente incluso para una futura premio Nobel de Economía, una gran disminución del consumo energético, como ha está sucediendo. Me alegra que esté contenta con la aplicación de la «excepción ibérica» y que será loada por los hagiógrafos gubernamentales, aunque sea un nuevo ejercicio de trilerismo político. El descenso de la demanda eléctrica en un 3,7 por ciento en plena ola de calor, ha sido graciosamente adjudicado a los efectos del polémico decreto-ley. No se por qué nos quejamos. Todo va muy bien gracias a Ribera y unas medidas de austeridad que son la panacea, aunque todos sepamos que es una trola.