La España real de los portales

Los que dan tantas lecciones de políticas progresistas y de igualdad social hace tiempo que no pasean por los degradados barrios en los que hubo un día que se les recibía casi como Mesías

FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

El verano es el momento en el que cada año mejor se toma plena conciencia de la irrealidad que dirige la burbuja en la que vive metida la política nacional y todos aquellos que nos dedicamos a seguirla. Basta frenar por unos días, desconectar del flujo constante de información con el que nos retroalimentamos, y uno percibe de inmediato que las prioridades del debate político nacional no coinciden en absoluto con la calle de la que tanto hablamos en Madrid. Dedicamos horas y horas a discusiones que no tienen más interés detrás que ese pulso ideológico que lo contamina todo y que solo busca convertirnos en marionetas de intereses de parte, de partido, mejor dicho. De todo ese vendaval llegan ráfagas discontinuas a la gente real, a los portales de la España que vive el hoy como puede y que no necesita que ningún experto le anticipe un invierno duro porque la mediana de sus expectativas ya lleva tiempo a la baja. En esos portales están enseñados a ajustarse al lento empobrecimiento al que nos dirige desde hace tiempo una política que entiende que la competitividad se sostiene en una devaluación gradual de la masa laboral, mientras ganan tiempo para utilizar los recursos públicos en contentar a sus supuestos votantes. En la España de los portales los titulares que marcan la actualidad política suenan tan lejanos y ficticios como los posados veraniegos de las celebrities que presumen de vidas fake. Hay políticos para todo, hay cosas que te cuentan y parecen ciertas, pero en los portales todo sigue igual, «quizás desmejorados», como diría Bunbury.

Y da igual, porque el gran teatro debe continuar una vez que pase este verano que desnuda los cuerpos y los iracundos debates que se suceden y se sustituyen sin que arreglen ni cambien nada. Es de suponer que los que dan tantas lecciones de políticas progresistas y de igualdad social hace tiempo que no pasean por los degradados barrios en los que hubo un día que se les recibía casi como Mesías de nueva generación. Porque si pisaran de verdad la calle que tanto dicen proteger es posible que, si tuvieran un mínimo de vergüenza, dejarían de pontificar y de sacar pecho por sus aportaciones a la equidad.