La revolución del olivo en seto

La plantación en seto sitúa a España y Portugal como líderes mundiales en esta modalidad de producción intensiva que arrasa en el Alentejo y el Guadalquivir

Al incrementar la producción de aceite con una espectacular reducción de costes, esta modalidad oleícola será hegemónica en 20 años
Al incrementar la producción de aceite con una espectacular reducción de costes, esta modalidad oleícola será hegemónica en 20 años FOTO: La Razón

Nuevos cultivos han aterrizado en España con voluntad de quedarse. Las mayores temperaturas que registramos ahora están permitiendo que en zonas del sur y Canarias tengamos excelentes cosechas de aguacates, mangos y diferentes modalidades subtropicales que en muchos casos están sustituyendo a los tradicionales cítricos. El precio del aguacate está por las nubes, y quienes lo producen logran excelentes rentabilidades. El problema es que el aguacate requiere de buenas temperaturas y mucha agua, y el país no está últimamente para cultivos de riegos intensivos. Dado que la sequía causa estragos por todas partes, este año los cultivadores de aguacates en Málaga y Canarias lo están sintiendo en su cuenta de resultados. Otro cultivo nuevo en clara expansión es el pistacho. Requiere de mucho frio húmedo en invierno y calor seco abrasador en verano. Bastantes provincias en España son ideales por este motivo. Al pie de Sierra Nevada proliferan los campos de pistachos, cuya rentabilidad es espectacular, pues se ha llegado a pagar a 12 euros el kilo. Dejando de un lado el caso de la algarroba, cuyo éxito de ventas sorprende hoy a propios y extraños, tenemos también nuevos y pujantes cultivos en seto, como el almendro y el olivo. Ambos constituyen una novedad tecnológica para campos de secano. Los resultados del primero, en zonas como Albacete, Cuenca, Valladolid o Aragón, son más que prometedores. Mucho más avanzadas están las plantaciones de olivar en seto. Écija, líder mundial en producción de aceite, tiene ya un 40 por ciento de su cosecha asociada al seto. La ventaja de esta modalidad es que requiere de poca mano de obra. Una finca de mil hectáreas precisa de apenas 4 personas para la recolección, frente a las 400 que serían necesarias para un olivar intensivo. Es una alternativa real al cereal para el secano. La única limitación respecto al regadío es que necesita pluviometrías mínimas de 400 mm anuales. Otra ventaja está en el alto grado de mecanización que presenta, tanto para la poda como para la cosecha. Italia, Portugal, Grecia o Túnez son algunos de los países en los que abunda, pero España concentra más del 50% de hectáreas del total mundial, con proliferación de la variedad arbequina, arbosana y manzanilla.

Las plantaciones de olivar en seto se han convertido en la alternativa más rentable de la olivicultura actual. Permite que todo el aceite obtenido en una explotación sea virgen extra, gracias a la velocidad de recogida de las máquinas, que facilita recolectar todo el fruto en el mejor momento de maduración. El olivar en seto también avanza a pasos de gigante en el Alentejo portugués, región donde ya nadie se plantea sembrar olivos en las antiguas modalidades, en copa o superintensivo. Pronto será igual en España.