54 días de «matraca»

La Razón
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Este fin de semana, largo en algunas comunidades, hemos asistido a lo que puede suponer el pistoletazo de salida –la frase ya empieza a resultar tediosamente familiar– de una precampaña que corre el riesgo de acumular tintes de vodevil. Tal vez lo más destacado de este arranque era el Comité Federal socialista que menos comentarios ha suscitado, limitándose a depositar en el bolsillo de Sánchez una ¿última? bala de plata premio al inasequible desaliento. Nos esperan hasta la noche del viernes 24 de junio, con el cierre de campaña, 54 días de chisteras sin conejos y en los que algún que otro candidato no podrá evitar presentarse ante su potencial elector que duda entre mantener el voto, cambiarlo o quedarse en casa, como el infiel de la pareja exclamando aquello de «cariño, esto no es lo que parece». Pero el peso de la inoperancia política ha apretado en algunos ámbitos de forma especial. Asistí hace algunos años a un acto de esos que llaman sociales, presidido por el entonces Príncipe de Asturias con presencia de destacados personajes del mundo de la cultura y la comunicación. Ponía el corolario al acto una por fortuna no muy dilatada actuación en la que ni la soprano ni el acompañamiento instrumental estaban teniendo su día. Por encima de todo, el Príncipe aguantó el tirón y mantuvo una compostura que ahogo algunos crecientes murmullos. La incómoda posición a la que en puntuales momentos se ha pretendido someter a la figura del Rey, a veces desde algún puesto de francotirador, ha contrastado con esa misma actitud en la figura del monarca de mantenerse en su sitio en su primer gran Rubicón político. El Rey ha tenido que soportar entre obligados silencios algunas invectivas inimaginables hace meses por mucho que se barruntara el advenimiento de una etapa de inestabilidad política.

Resulta además curioso que la legislatura más frustrada de nuestra historia democrática –la que en un alarde de generosidad algunos han calificado de «express» rizando el rizo del eufemismo– fuera presentada de inicio como el paradigma de un obligado escenario de diálogo entre todos los actores políticos interpretando un supuesto mandato popular en esa dirección. La noche del 20 de diciembre no se escuchaba otra cantinela: «Los españoles han encomendado a los partidos ceder y pactar». Pues va a ser que no. El tacticismo cortoplacista ha terminado por recuperar la memoria de políticos también cargados de defectos, pero dotados de ese mínimo plus de generosidad que antepuso a sus bigotes políticos legalizar unos el Partido Comunista o relegar otros el republicanismo en pos de una oportunidad a la monarquía parlamentaria. Hoy al Rey no le queda otra más que seguir haciendo lo que corresponde, incluso a costa de presenciar cómo la ausencia de gobierno excluía a España de la gira europea del presidente Obama, que tampoco podrá verse en contra de lo previsto con nuestro monarca en la histórica inauguración el 26 de junio del nuevo canal de Panamá. Ese día andamos con nuestra «moviola» de la «fiesta de la democracia».