Agujeros por tapar

Las enfermedades, todas, no son más que fantasmas inofensivos hasta que se hacen corpóreas a través de bacterias o virus capaces de la peores torturas e incluso del asesinato. Cualquiera de ellas, en la distancia, se ve como los tsunamis de los telediarios: aterradora y real, pero tan separada por la pantalla como la realidad de la ficción. Sin embargo, las enfermedades nos rodean y, en cualquier momento, pueden apresarnos e incluso condenarnos a muerte. Pero, a decir verdad, más en otros lugares que en este país nuestro, cargado de defectos recontados hasta la saciedad, pero con una Sanidad envidiable hasta para los todopoderosos EE UU. Si todo esto, relatado con objetividad y sin pasión, se les traslada, en un día cualquiera, a los afectados de hepatitis C, dirán que es una información a puntualizar. Y tendrán razón, claro. Pero hoy, menos que en días pasados, porque el Ministerio de Sanidad acaba de ampliar sus criterios para que los medicamentos de última generación lleguen a 100.000 afectados más de esta enfermedad. Aún quedarán algunos enfermos apartados de la esperanza, pero ¿es que, acaso, hay algún lugar en mundo en el que esté garantizada la atención ideal para cualquiera? Casi diría que sólo en España o, en cualquier caso, en ningún lugar más que en España. Ojalá que los cambios políticos, los recortes, las crisis o cualquier otra circunstancia no hagan olvidar a nuestros dirigentes que buena parte de lo que hemos conseguido en los mejores años de nuestra historia ha quedado reflejado en una Sanidad incontestable, aunque de vez en cuando sea imprescindible huelguear y pedir más, porque, por desgracia, en el ámbito de la salud, siempre quedan agujeros por tapar.