Ahora o nunca

La Razón
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La edición 2017 de ARCO arranca con un ápice más de optimismo si se compara con las vísperas de ferias anteriores. El número de galerías extranjeras ha aumentado hasta casi un 70% del total de participantes, disipándose algo el tufo localista, de encuentro de viejos amigos del arte español, que pesaba sobre sus espaldas. Además, la presencia de Argentina como país invitado ha puesto de manifiesto la única posibilidad de crecimiento real que tiene la Feria: Latinoamérica. Aunque ARCO se ha dejado comer gran parte del terreno por las nuevas ferias surgidas allende el Atlántico, todavía hay tiempo para dotar a esta convocatoria de la personalidad de la que siempre ha carecido, a saber: convertirse en el puente natural entre el arte europeo y el latinoamericano, de la misma manera que, en otros sectores económicos, España sirve de puerta de entrada a aquellos países. Pero, con todo ello, la novedad más importante ha sido el diseño de un programa para coleccionistas de segundo nivel, de aquéllos que compran arte, pero no a los precios desorbitados de los «top». En efecto, en una feria existe una estructura de cliente piramidal: los coleccionistas, que invierten más y lo hacen con un criterio marcado; los compradores, diferenciados de aquéllos en que, además de invertir sumas más moderadas, poseen un sistema más arbitrario de compras; y, por último, el «público de fin de semana», que, ocasionalmente, compra piezas de pequeño formato, en papel, y obra gráfica. Habida cuenta de lo restringido que resulta el nivel superior –los coleccionistas–, cuyo carácter elitista impide que aumente, la mayor fuente de nuevos compradores del arte contemporáneo es el segundo nivel. De ahí que la decisión de Carlos Urroz de incorporarlos a los circuitos de compra y de otorgarles ciertos privilegios es una de las medidas más acertadas de los últimos años. Esperemos que la pulsión compradora que guía al coleccionista –el «ahora o nunca»– se incline a favor de un evento que necesita grandes alegrías sin más dilación.