Amansar a las maras

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Cementerio General de San Salvador, 1981. Entre paredes de nichos y sepulturas sin lápida, cubiertas por un manto de flores artificiales, una multitud acompañaba dos féretros, empujados sobre sendas camillas. La noche anterior, los paramilitares asesinaron a machetazos a dos hermanos de 15 y 17 años mientras dormían. Les faltó tiempo para emigrar a Estados Unidos. Los salvadoreños empezaban a acostumbrarse a la violencia de la guerra civil, que se cobró cerca de 80.000 vidas hasta 1992, después de doce años de conflicto.

El final de la contienda propició una paz casi tan artificial como esas flores de plástico. La violencia anida en este pequeño país centroamericano, que está por celebrar que el pasado 11 de enero no se cometió en la capital ningún homicidio. Entre los días 1 y 10 del primer mes del año se registraron 99 asesinatos... Hasta allí se ha ido LaLiga de Tebas, a convencer a las maras de que hay más futuro en un balón que en un AK-47. Con el IMDER (Instituto Municipal de Deportes y Recreación del ayuntamiento de San Salvador) levanta escuelas de fútbol. Ya hay 22 centros que atienden a 2.500 niños. Educan con los valores del deporte.

Si un chaval tiene más cerca de su casa la escuela del barrio vecino que la del suyo, para llegar hasta ella tendrá que pasar por ese fielato de capos de la mara y pagar 65 centavos de colón por el paseo. Son unos 6 céntimos de dólar en un país con salarios que no superan los 200 dólares mensuales. Pues hasta allí se ha ido LaLiga, a promover la inclusión donde la exclusión es un hecho cotidiano, como la violencia, que ha descendido un 16% en San Salvador desde que las escuelas de Tebas funcionan.

Inequívoco mensaje: menos extorsión, menos comercio de drogas, de armas y de almas y más pelota, en singular. Se trata de amansar a las fieras, de humanizar a las maras, con un balón.