Artur Mou o José Mas

El Madrid mejora todos los registros, avanza con paso firme, de goleada en goleada, y el bueno, que no manso, de Ancelotti, ni saca pecho ni los pies del tiesto. No se da importancia ni provoca incendios; al contrario, los apaga. El día de su presentación adquirió un compromiso: «El club más prestigioso del mundo tiene que ganar jugando un fútbol espectacular». Cumple. Es la antítesis de José Mourinho, que aterrizó en el Madrid con todas las prerrogativas y en cuanto pudo se situó un escalón por encima del club. Laminado Valdano, hizo de su capa un sayo y como era incapaz de enfrentarse al Barça con jugadores como Benzema, secuestró el talento y promovió fichajes tan grotescos como el de Adebayor. Tres temporadas, tres títulos –Liga, Copa y Supercopa– y 66 millones de euros después, se fue echando leches al Chelsea, porque Ferguson no correspondió a sus cajas de vino con un contrato en el United, y dejó tras de sí una ristra de víctimas, un vestuario roto y una afición dividida como no lo estuvo jamás.

Ahora que el 9-N ha pasado a mejor vida, y no sólo porque hace 25 años que cayó el Muro de Berlín, establecer un parangón entre Mourinho y Artur Mas podría ser descabellado, o no. O una casualidad, como que España cuenta con el president y el ínclito portugués entre sus principales enemigos. Mou hizo todo lo posible para que las heridas que abrieron los clásicos en la Selección no cicatrizaran nunca –Casillas puede atestiguarlo–; ahora pone todas las zancadillas posibles a las convocatorias de Vicente del Bosque. Instalado en el poder, Mas la emprendió a patadas contra la Constitución, encontró en Oriol Junqueras un Adebayor para meter los goles del soberanismo y, como el entrenador, hace esfuerzos sobrehumanos para romper el equipo, obviando que sus delirios de grandeza dejarán también una Cataluña dividida... como no lo estuvo jamás. Tal para cual.

Hoy, 25 años y un día después de la caída del Muro de la vergüenza, hay entrenadores que como Ancelotti procuran unir lo que otros desunieron, y políticos como Mas que sólo piensan en sí mismos, como Mou.