¡Ay Carmena!, ¡Ay Carmona!

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La alcaldesa de Madrid nos ha vuelto a enseñar la verdadera faz de quien, pertrechada detrás de una apariencia de abuela bondadosa que nunca rompe un plato ni alza la voz, y se dedica a hacer madalenas para todos, incita desde su alta responsabilidad pública a incumplir la Ley, a jalear a los que lo hacen en detrimento de los que la cumplen, y a otorgarles derechos en mérito a su «valentía» de «emprendedores sociales». ¡Y lo hace quien ha dedicado su vida laboral a impartir presuntamente justicia en su condición de juez!.

No se trata de una actuación aislada. Llueve sobre mojado y las consecuencias se dejan ver en el estado de la ciudad y en la cantidad de problemas que se le acumulan. En los últimos días hemos conocido dos no menores. La alcaldesa celebraba que 100 inmigrantes hubieran asaltado la valla que separa Marruecos de Melilla y entran de manera ilegal en nuestro país, enfrentándose a las Fuerzas de Seguridad que custodian nuestra frontera y protegen nuestros derechos y nuestro territorio. Ese mismo día suspendía la actuación policial contra los «manteros» que amenazan los derechos de los comerciantes legalmente establecidos, anunciándoles un «carné social» como mérito por esa actividad ilegal.

La razón: los derechos humanos y el pretendido «buenismo» que sólo aplican a este tipo de gente, pero no a la que cumple sus obligaciones, como si aquí no hubiera necesidades y dificultades para los nacionales y los residentes legales, tal como dicen los informes de sus organizaciones afines.

¿Cómo es posible que pueda alegrarse públicamente de que se incumpla la Ley, se viole nuestra frontera, se agreda a nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad y a la Policía Local y se los desautorice en el ejercicio de su función? ¿Cómo es posible que no se le exija ninguna responsabilidad, además de la obligada rectificación pública con petición de disculpas a la Policía, la Guardia Civil y a los ciudadanos?.

Ya dijo en su día que los escraches a los políticos eran «un regalo de la ciudadanía que te dice lo que has hecho mal cuando te equivocas», pero los consideró «coacciones» cuando los sufrió su concejal de Policía. Quiso imponer los Jurados Vecinales a la manera de los Comités Vecinales de la Revolución de Cuba y Venezuela para «sancionar» a sus propios vecinos. Y nos quiere imponer la consulta popular para decidir sobre aquellos asuntos en los que no quiere asumir su responsabilidad cuando sabe que su resultado irá en la dirección que propugna, pero nunca en asuntos en los que sabe que contará con apoyo popular.

Tan sólo los asuntos directamente municipales que han levantado polémica han sido «aparcados». Por ninguno ha asumido responsabilidades y ha pedido perdón. Curiosamente, ese «buenismo» no ha llevado a que los comerciantes afectados no paguen impuestos municipales por su actividad, amenazada por la ilegal de esos «manteros». No podemos caer en el error de que «está mayor» o que es «bondadosa», pues sus intenciones son las mismas del populismo, que entiende que la calle es superior a la Ley y al Derecho, paso previo a la Revolución y al derrocamiento del sistema actual, que es lo que pretenden.

Tampoco podemos olvidar que todo esto se lo debemos al PSOE y a su candidato el sr. Carmona, que prefirieron apoyar a la sra. Carmena y a Podemos a detentar la alcaldía que les ofreció el PP.